3.1.19

Con la forma y el color, hablan los artistas un idioma suyo

Cuando estamos viendo una obra de arte lo que en realidad observamos son formas y colores. Formas a veces reconocibles y otras no tanto (o nada), diferentes entre ellas, como diferente es casi todo en la vida. ¿Hay una forma exclusiva de las flores? No, hay decenas y decenas de flores distintas. Y de colores muy variados. Excepto verdes. No hay flores verdes.

Lo mismo podemos decir de un cielo, un bosque, un paisaje o unas botellas. Y además todas estas posibilidades dependen del punto de vista del que las crea, de su iluminación, del entorno en donde se encuentren, incluso de la época del año.

Formas y colores que dependen del punto de vista que elige el artista, a la hora de mostrarnos esos elementos.

No existen pues estereotipos claros en la vida real, así que en el arte, que es creación y representación subjetiva de algo que observa un artista ajeno a nosotros que somos los espectadores, nunca los puede haber.

Si a eso le añadimos que cada artista ha decidido trabajar sus obras con unas técnicas o con otras diferentes, con una gama de colores seleccionada por él mismo, con una ideas imaginarias que confieren a toda su obra de un hilo conductor personal…, nos encontramos que nuestra obligación como espectadores es meternos en su mundo y descifrar lo que nos quiere transmitir.

Si leemos un texto árabe o chino, que no utilizan nuestro vocabulario, es muy complejo entenderlo si no nos ayudamos de “algo”. Pero es muy posible que entre todos esos grafismos “raros” se encuentren palabras hermosas, sentimientos, consejos, experiencias. Podemos intentar desentrañarlos o simplemente pasar de ellos pues no los queremos entender. Esa sí es nuestra decisión.

La imagen de arriba nos muestra una escultura en Bruselas que representa una tableta de chocolate con los colores de la bandera de Bélgica, en honor a una de sus industrias más conocidas.

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