Este es el retablo de la Virgen del Arco, Nuestra Señora del Arco, de la localidad zaragozana de Mianos. Es un retablo en el exterior de la iglesia, en una zona cerrada ante las inclemencias del tiempo y al estar entre dos arcos, es posible que por ello se deba el nombre de la virgen al lugar tradicional.
La imagen en realidad parece más una Inmaculada, colocada en el retablo con posterioridad a la construcción del mismo, puede que por sustitución de alguna imagen más importante que tuviera el mismo, en periodos más antiguos. Pero desconozco este dato.
Estaríamos hablando de un retablo que se movería entre los finales del siglo XVII y XVIII mientras que la imagen de la virgen parece más moderna. Las imágenes laterales nos parecen indicar sin seguridad de algún franciscano, algunas órdenes populares o incluso el propio San Francisco. La capilla no tiene comunicación directa con la iglesia pues esta está cerrada, y en la capilla exterior hay una verja de hierro terminada en semicírculo en la que se puede leer «ESTE REXADO Y PORTICO HIZO FACER D. PEDRO MATHEO BENEFICIADO VILLAMEDIAN AÑO 1756″ .
El corazón atravesado que aparece arriba es importante pues puede indicar fechas de construcción, y parece el Sagrado Corazón de María. Pero de todo el conjunto hay un elementos que resulta muy curioso y posiblemente de más valor artístico.
Es ese frontal cerámico inferior a modo de altar de misa, que sujeta el propio retablo. Porque esos azulejos son claramente de tradición aragonesa y probablemente de entre los siglos XVIII a XIX y tienen una calidad decorativa notable.
Además aparece una inscripción central que ha maltratado algo la cerámica en donde se puede leer "Jesús Ave María, os doy el corazón y el Alma Mía".
Pero el mayor valor humano de esta pieza está en su conservación, pues no es un retablo “musealizado”, ya que da sensación de haber seguido usándose, y modificándose con el paso de generaciones. Esto tiene muchísimo valor antropológico para las localidades pequeñas que mantienen sus tradiciones y sus devociones incluso con los siglos, pasando de generación a generación esas ideas de sociedad con sus ritos y formas de amar y comportarse.
Estas capillas exteriores a las iglesias tenían una doble función. Por una parte eran las capillas más accesibles a cualquier hora para los vecinos de las localidades. Se ponían en zonas desde donde daba la sensación de que vigilaban las localidades y las protegían. Y además solían ser capillas muy "de cementerio" pues las utilizadas muchas veces para las ceremonias de funerales.
Julio Puente
