19.2.18

La música para bebés y niños es un ARTE

La música sería uno de las artes más cercanas al nacimiento. Dicen que los fetos, antes de nacer, ya entienden de música, la escuchan y reaccionan. Antes de que un niño sepa utilizar un lápiz para escribir rayas, ya lo utiliza para hacer sonidos.

Así que unos cuentos que muestran fracciones de música clásica con el dedo del bebé tocando un botón, es un lujo. Sobre todo si se tematizan por autores o por temas.

Fijaros en esta hoja de un cuento. Tocando abajo a la derecha, en una zona rugosa, suena una fracción de la Sonata número 16 en C major de Mozart. E invita al niño que sepa leer o al que le cuenten lo que pone en el texto, a…, hacer tonterías. Esto es arte del precioso ¿no?

18.2.18

Hablando de la belleza y del arte. Cuatro sabios

La música es el alimento terrestre más bello. La música es esencial. Igual que reclamo al cubismo como padre. Por la música y por el cubismo entiendo esa intuición tan hermosa de Platón: «Lo bueno es aquello que enseña la belleza de lo simétrico». Martín Chirino.

La belleza es aquella idea que al relacionarse con las cosas sensibles hace aparecer a la idea en cuestión como deseable. Su característica fundamental es la luminosidad, y su función la de despertar el amor, la vía que lleva al conocimiento del “bien” mismo. Platón.

No es la simetría o la proporción de los cuerpos lo que les aporta belleza; hay muchas cosas que son simétricas pero no por ello son bellas. Las cosas de este mundo son bellas en cuanto participan del modelo de Belleza. Lo feo sería todo aquello que no participa de una idea, de una razón, o lo que está muy alejado de esa idea, que no siguió el modelo arquetípico. El alma es capaz de reconocer todas las bellezas, incluso la belleza de los cuerpos. El alma, cuando ve algo bello, se siente atraída por ello, lo acoge, lo integra a sí misma; en cambio, si tropieza con lo feo, se aleja, reniega de ello porque no sintoniza. El alma procede de una esencia superior, y cuando ve cualquier cosa que se parece a ella, aunque sea una huella, una sombra, vibra en sintonía con eso, lo atrae hacia sí y se acuerda de sí misma y de lo que le es propio. El alma, en función de lo despierta que esté, es capaz de ver la idea que está oculta en las cosas sensibles bellas. Estas están gobernadas por una medida numérica, no en cualquier proporción, sino en la que esté de acuerdo con la acción dominadora de la idea. Plotino.

Es bello lo que es valioso por sí mismo y a la vez nos agrada, lo que es apreciado por sí mismo y nos proporciona placer o admiración, sin importarnos si es útil o no. De este modo, todo lo bello es bueno pero no todo lo bueno es bello, sino solo lo que a su vez es agradable.
Las cualidades que deciden sobre lo que es bello son su orden y la dimensión. Orden es la disposición adecuada, la forma con moderación. La proporción hace a las cosas bellas no porque sean perfectas en sí, sino porque se ajusta a la naturaleza y al objetivo de las cosas.
La dimensión es en este contexto que otorga la medida apropiada para cada objeto. Los objetos grandes gustan más que los pequeños pero los objetos bellos no pueden ser excesivamente grandes. Solo puede ser bello lo que es perceptible para los sentidos y la razón. 


El arte es una actividad humana que se diferencia de la naturaleza, y reside en un proceso de producción y no en lo que ya existe. Cada arte es una producción, pero no cada producción es un arte: solo lo es la producción basada en el instinto más el conocimiento. El ejercicio es esencial: el arte puede y debe ser aprendido, pero también son indispensables las capacidades innatas adquiridas mediante la experiencia. La habilidad requerida se obtiene con la práctica. El ejercicio es esencial: el arte puede y debe ser aprendido, pero también son indispensables las capacidades innatas. Aristóteles.



Cada uno puede elegir lo que quiera

A veces el arte no tiene nada que ver con los sabores, incluso ni con los colores. Tampoco con las texturas por obligación. En este platito ha juntado 4 colores, 4 sabores y 4 texturas. La mezcla de todos ellos pude crear decenas y decenas de pequeñas combinaciones.

Rojo, amarillo, verde y negro.

Picante, dulce, agrio, ácido.

Crujiente, líquido, blando, duro.


Podría ser que alguno fuera caliente y otro muy frío. Dos de ellos tienen cáscara, piel otro. Y a partir de todos estos elementos lo que tenemos es una posibilidad de construcción. Cada uno la podemos entender como queramos. Incluso asquearse con ella, sentir náuseas, disfrutar de una parte, rechazar el resto o mezclar los cuatro elementos hasta formar una masa gris o amarronada.

Nadie nos obliga a comérnoslo con los ojos. Nadie a que lo admiremos o a que nos guste. Tampoco a que lo odiemos. Todo lo que a partir de este momento suceda con estos cuatro elementos dependerá de cada uno de nosotros. Podemos escribir decenas de relatos, de cuadros o fotografías. O ninguna.

Yo por ejemplo me quedaría con los brillos del platito de cristal. Cada uno puede elegir lo que quiera.