¿Juega el Arte Contemporáneo con nuestro propio tamaño?


En el Arte actual una de las constantes que más se utiliza sobre todo en instalaciones y escultura es el TAMAÑO como elemento visual diferenciador, como el motivo con el que llamar la atención del espectador. Todos tenemos constancia del tamaño de los objetos cotidianos, pero si vemos una cuerda de dos metros de grosos, o cientos de hilos finos revueltos o un montaje con una piedra de río de seis metros de altura, solo por eso, ya nos llama la atención y la mirada. No se necesita más, que mostrar algo que es inusual, simplemente por el tamaño, por la posición, por la repetición hasta formar un núcleo de muchas cosas comunes.

Comparamos visualmente el tamaño de lo que vemos con el tamaño de lo que realmente creemos que debería tener el objeto, y sin querer nuestro cerebro se admira. Algo se sale de lo habitual y lo valoramos de otra manera. Sería algo similar si para entrar a una exposición tuviéramos que agacharnos para atravesar una puerta de 1 metro de altura o si al penetrar en su interior viéramos una muñeca de 5 metros de altura. Todos estos pequeños trucos visuales intervienen en la mirada del Arte Contemporáneo mucho más que hace unas décadas.

La pintura plana no ha muerto, pero han ido surgiendo nuevas opciones de instalaciones que logran convertirnos en espectadores diferentes. No somos ya la poderosa persona que entra a admirar algo desde la prepotencia de que somos los dueños de la situación y de nuestro tiempo. Ahora podemos vernos apabullados por lo que vemos pues nos sentimos mucho más pequeños o como poco dentro de un espacio extraño donde nada es lo que parece, no es lo que creíamos.

Las cerillas de Claes Oldenburg es un ejemplo, pero también las cabezas femeninas de Jaume Plensa o la silla rota de Daniel Berset de Ginebra, o las otras cabezas en el suelo de Samuel Salcedo. En todos estos casos y ante elementos habituales, somos simplemente unos personajes de la instalación artística que resultamos diminutos y lo notamos. La obra nos apabulla y eso es lo que se busca, hacernos sentir más pequeños para que repensemos qué somos en realidad.



¿Qué es el Hilo de Plata para los artistas?


El arte es inagotable. Pero hay que tener concentración y muchas ganas de trabajar para no perder el hilo de plata, del que hablaba la artista americana Agnes Martin, y seguir buscando a través de esa idea que consideras "buena" para crear alrededor de ella tu propia serie de trabajos. No hay que rendirse si se tarda en encontrar es Línea Personal de trabajo original, no es sencillo, y no sirve de nada si aparece la idea y no nos pilla trabajando. 

Hay que estar con todos los ojos interiores del cerebro atentos, para saber cazar al vuelo cualquier idea que nos parezca interesante. Y con ella analizar, explorar, bocetar, ser críticos con sus posibilidades y darle un margen de actuación en positivo.

El "Hilo de Plata" es el camino leve que se abre en un momento dado, y que nos enseña un camino que hay que seguir hasta convertirse en un cordón, en una soga de la que disfrutar y crear a nuestro gusto. Incluso dicen, que algunos llegan a poder vivir de ese hilo de plata que algún día encontraron y decidieron seguir.

La imagen que vemos es una obra de la artista Agnes Martin titulada: "My Back to the World" y creada en el año 1997.


Las Formas en el Arte ayudan a crear emoción


En Plástica y por ello en el Arte, las Formas son imprescindibles. Nuestra vista se tiene que centrar en objetos y la forma de esos objetos —o la forma de esos NO objetos— son fundamentales para que algo nos guste o nos disguste visualmente. Para que prestemos atención al conjunto, para que algo nos atrape y nos lleve a dedicarle unos segundos.

Tendríamos que romper con el mantra de los segundos de atención, pero desgraciadamente no podemos aspirar a mucho más. Nos tenemos que conformar con atrapar al espectador esos segundos, aunque ya sabemos que si se quiere contemplar una imagen, una obra, se necesitan más de unos pocos segundos. Pero vivimos en un tiempo de desecho. 

Así que hay que jugar con las formas, con el color, con los contrastes, con las diferencias, con incluso el engaño para atrapar la atención. 

Pero por otra parte, nos debería dar igual cuantos segundos le dedican a una obra, pues quien le dedique menos de los necesarios, es él quien se lo pierde, y además no aportaría mucho a todo este conglomerado que forma el Arte. 

Ojo, no como negocio, sino como placer. El Arte —y por eso las formas— tiene que ser atrevido, es simplemente placer, gusto, hermosura, tranquilidad, emoción.