2.11.26
Cuadro al óleo de San Martín de Tours,
Este cuadro anónimo de mitad del siglo XVI nos muestra a San Martín de Tours compartiendo su capa con un personaje pobre que se encuentra en un camino. Un ejemplo de caridad cristiana que se mantiene en el ideario interno de los cristianos, aunque no se cumpla.
Alrededor del año 334 d. C., Martín era un joven soldado de la caballería del ejército romano destinado en Amiens (Francia). Durante una gélida noche de invierno, a las puertas de la ciudad, se encontró con un mendigo semidesnudo que pedía limosna temblando de frío. Al no llevar dinero consigo, Martín desfundó su espada, cortó por la mitad su capa militar y le entregó una de las mitades al pobre para abrigarlo.
Dice la leyenda que a la noche siguiente, Martín tuvo una aparición en sueños: vio a Jesucristo vestido con la media capa que él le había regalado al mendigo, diciendo a los ángeles: "Martín, todavía catecúmeno [no bautizado], me cubrió con este manto para salvarme del frío".
Este suceso marcó profundamente su vida y poco después recibió el bautismo, abandonó la milicia para dedicarse a la fe y con el tiempo llegó a ser Obispo de Tours. Pero aquí hablamos de arte. Este cuadro está en el Palacio Ducal de los Borja en Gandía.
1.11.26
Entre el Cielo o el Infierno, deseo quedarme donde estoy
Menos testosterona, venga de quien venga, incluso de quien nunca la tiene o desde quien no la sabe utilizar.
Calma, humanidad de humanos —pues los animales también la tienen y se llama de otra manera— y suavidad en las relaciones sociales, que os veo un poco alterados y así, como es contagioso, no vamos más que a la lucha final.
Y en ese tipo de peleas, si acaso el único que gana es Dios que consigue de golpe un buen montón de nuevos clientes para su cielo o su infierno.
25.10.26
Goya y San Hermenegildo en prisión
Voy a comentar algo de esas obras de Goya que han desaparecido y que estaban en una iglesia de Zaragoza. No digo que se hayan destruido, sino desaparecido, de momento y hasta que se sepa algo más sobre ellas y su destino final.
Este cuadro que vemos es un boceto de un cuadro que en la Guerra de la Independencia desapareció de la iglesia de Torrero, la de San Fernando que es propiedad del Ministerio de Defensa. Era la obra del lado de la Epístola, de Francisco de Goya, y en esa iglesia había en total tres obras de Goya cuando fue asaltada por los franceses.
La historia del cuadro representa al rey visigodo Hermenegildo, hijo de Leovigildo, que fue proclamado gobernador de Sevilla por su padre y condenado por el mismo cuando supo que su hijo se había convertido al catolicismo. Lo encerró en la cárcel y al no conseguir que su propio hijo abandonara su fe, ordenó decapitarle. Allí, donde esto sucedió se levantó la iglesia sevillana que lleva su nombre.
De aquellas tres obras de Goya solo se conservan los tres bocetos. Las obras, o bien se quemaron con la iglesia incendiada entonces, o bien se las llevaron a paradero desconocido antes de quemar el edificio.
Se trata esta que vemos, del boceto más acabado de los tres. El rey visigodo ya católico se encuentra en la penumbra, todavía vestido con elegante atuendo. Está rodeado por tres carceleros que tratan de humillarle desnudándole y provocarle para que abandone su fé, pero él se mantiene digno y erguido, mirando al cielo.
Esta obra está hecha al óleo sobre lienzo y sobre el año 1800. Es pequeña pues tiene unos 33 centímetros de altura.
Recibe una fuerte iluminación que penetra a través de los barrotes de la celda, creando un marcado contraste en claro oscuro entre los dos lados de la composición. Destacan los destellos del traje del santo y el rostro de sufrimiento que percibimos aun tratándose de un estudio preliminar.
Las otras dos obras son La Aparición de San Isidoro a San Fernando, y Santa Isabel de Portugal curando a una enferma. Como es lógico suponer, las tres obras originales y en grande no serán exactamente iguales a estos tres bocetos. Pero se desconoce ninguna información más que la conservación de estos tres bocetos, del que vemos uno.
Recibe una fuerte iluminación que penetra a través de los barrotes de la celda, creando un marcado contraste en claro oscuro entre los dos lados de la composición. Destacan los destellos del traje del santo y el rostro de sufrimiento que percibimos aun tratándose de un estudio preliminar.
Las otras dos obras son La Aparición de San Isidoro a San Fernando, y Santa Isabel de Portugal curando a una enferma. Como es lógico suponer, las tres obras originales y en grande no serán exactamente iguales a estos tres bocetos. Pero se desconoce ninguna información más que la conservación de estos tres bocetos, del que vemos uno.
3.10.26
Las esculturas planas de Chillida
Los collages de la mano de Chillida toman otro carácter. Ya no son la unión de diversos elementos planos para formar otro objeto artístico plano.
Chillida crea en plano unos collages que intentan sin dejar de ser planos, que sean esculturas visuales.
Mezcla materiales y los corta o los rompe para formar relieves, profundidad visual y estructuras planas que asemejan si el espectador quiere, una escultura desde ese pensamiento escultórico del artista.
En sus collages hay que imaginarse la escultura. Es como un origami plano, sin terminar, sin doblar el papel hasta formar la figura.
Es la intención, la sensación de que están delante de una escultura plana.
La obra que vemos es de 1985, sin título.
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