El papel de la mujer en el campo del Arte ha pasado en los siglos muy desapercibido, incluso cuando fueron auténticas exploradoras de nuevas técnicas o de nuevos puntos de vista. Es el caso de la alemana Hildegarda von Bingen.
No fue una clásica artista, pues su papel dentro del mundo del Arte en el siglo XII fue más de iluminadora o de persona que indicaba a otros artistas a dibujar escenas que ella imaginaba. Podríamos incluso decir que fue una precursora del surrealismo, incluso de la abstracción.
Nacida en el año 1098 fue una abadesa benedictina que componía música (monofonía sacra) y escribía poesía, y a su vez una gran creadora en aquellos tiempos de un universo visual propio, dirigiendo la creación de imágenes que hoy sin duda, son Arte Visual.
Sus miniaturas iluminadas que acompañó en su creación con sus visiones, están recogidas en varios libros, y son narraciones tradicionales pero con imágenes simbólicas, abstractas para aquellos años y con una creación geométrica novedosa que acercaba el mundo espiritual a un mundo onírico.
Sus imágenes con son las tradicionales de esa época, son religiosas pero no ilustran pasajes de la Biblia, sino son narraciones simbólicas, son visiones circulares, en una distribución del espacio que intenta narrar una historia con significado teológico.
No pinta o dibuja en el sentido estricto de la significación, sino que ejerce como de directora artística, como autora de la idea para poder generar esas imágenes que ilustran sus libros teológicos. Es un Arte Simbólico, lleno de conceptos que casi son como el Arte Contemporáneo actual pero hace más de 900 años, creando estructuras que narran historias.
La imagen que vemos arriba la explica la propia Hildegarda von Bingen en su libro Scivias con estas palabras: «Este gran instrumento redondo y umbroso que ves, semejante a un huevo, estrecho por arriba, ancho en su mitad y algo más ceñido en la parte inferior, representa al Dios Todopoderoso según la fe»




