Estos niños, de una viñeta de la revista The New Yorker de este 2026, dan en el clavo doblemente. Se preguntan:
—Con la caída del Mercado del Arte, no sé si merece la pena continuar.
El Mercado del Arte lo hemos hecho crecer artificialmente. Tampoco pasa nada por eso. Puede ser tan mentiroso su valor como el del Oro, el de los Diamantes o el del petróleo. Todo depende.
Y estos elementos anteriores es más complicado que te produzcan placer, algo que el Arte si lo sabe elegir como inversión puede dártelo.
Pero es verdad que hemos creado un pequeño monstruo que podría petar. Ya lo han hecho o lo harán otros inventos de entre el siglo XX y el XXI. No quiero dar detalles, pero invertir el dinero es una tontería, pues entregar número de unos papeles o a lo sumo papeles que llamamos todos billetes, por otra cosa.
Nos creemos que el dinero vale lo que dice. Y es verdad de forma momentánea. Y a su vez, puede cambiar cuando otros lo decidan. El Arte queda, y habitualmente sucede si lo sabes invertir, como sucede con los activos inmobiliarios. Que tienen unos años de vida en los que casi siempre suben de valor.



