3.7.26

Coco Escribano y una escultura colorista

La pequeña escultura que vemos es de la artista Coco Escribano, de su exposición de 2015 en el Centro de Historias de Zaragoza, titulada "Play House" en donde nos hablaba de esa dualidad del ser humano, capaz de crear y de destruir, de intimidad o de tristeza.

La artista Coco Escribano nació en Quintanar del Rey, Cuenca, en 1984. Es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Castilla-La Mancha, aunque ha residido durante varios años en Zaragoza, donde ha expuesto en varias salas y colaborado con Believe in art.

Coco Escribano vivió su infancia en su Cuenca natal durante los años 80 y 90, una época de explosión artística en una ciudad cuna de la abstracción en España. Creció rodeada por la sensación de poder conseguir todo lo que uno se propusiera. Ese sentimiento, de la mano de las negativas consecuencias de una desmedida autoexigencia, abonaron desde muy pronto su obra de ilustradora. Recientemente, en esa línea, ha expuesto en la Fundación Antonio Pérez (Cuenca) piezas bajo el título “Wonderful life”.

Actualmente su trabajo se diversifica en dos campos. Por un lado, desarrolla su obra más personal como artista plástica, dando el paso desde la ilustración al lienzo, y por otro lado lleva a cabo su trabajo como ilustradora colaborando con marcas como Casio o Compañía fantástica, y con editoriales y revistas como Penguin Random House, Bala Perdida, Glamour o Marie Claire.

En sus últimos trabajos crea imágenes y esculturas que nos hablan de la positividad tóxica sin ser obras totalmente naif. En nuestra sociedad la felicidad se ha convertido en una de las principales metas como individuos, una especie de religión donde el Dios es un gran Smile que brilla como un sol abrasador.

Esa felicidad tan ansiada podemos verla en redes sociales, en la publicidad e incluso en los servilleteros y azucarillos de las cafeterías. En su obra, Coco refleja lo grotesco de ese afán, cuando se convierte en un dogma, cuando la sociedad dicta unas expectativas de plenitud, rendimiento, realización y felicidad, así como la desdicha que se apodera de nosotros cuando no las alcanzamos.

Sus obras son un autoejercicio para entender cómo nos comportarnos como individuos en la sociedad y cómo esta nos influencia en ese comportamiento y en nuestro estado anímico. Nos presenta a mujeres vestidas con trajes estampados de personajes coloridos y alegres que contrastan con la expresión de tristeza, inquietud e incertidumbre de sus rostros.

Nota.: Parte de los textos son de su propia página web.

2.7.26

Sopas Campbell’s de Andy Warhol


Hoy os dejo una muestra de 10 Sopas Campbell’s de Andy Warhol como ejemplo para disfrutar del día. Sí, es una obra que parece sencilla, una obra Pop que aunque aquí estarán impresas, en realidad eran pintadas.

Las sopas Campbell’s de Andy Warhol nacen en 1962 con la serie Campbell’s Soup Cans y fueron en un principio 32 lienzos, uno por cada variedad de sopa Campbell’s existente entonces. Cada lienzo mide unos 50,8 × 40,6 cm. Aunque parecen impresos industrialmente, los originales estaban pintados a mano, con algunos detalles estampados.

Se expusieron primero en la Ferus Gallery de Los Ángeles, colocados como productos en estantería de supermercado. La importancia está en que Warhol convirtió un producto corriente, barato y repetido en icono artístico. Hoy todo el mundo que conozca algo del Arte Moderno, asemeja estos botes de sopa con la obra de Andy Warhol.

No idealiza el objeto y lo presenta casi como una mercancía pura. Ahí está la clave del Pop Art. Simplemente publicidad, consumo, repetición, marca, cultura popular. Y un producto artístico repetitivo, fácil de reproducir, barato incluso si se ofrece como copias.

Las obras de las sopas Campbell’s no son una sola obra, sino un motivo central dentro de todas las obras de Warhol como sus repeticiones con variables de Marilyn.

Empiezan estas sopas como pintura manual en 1962, pasa a ser unas obras repetidas y más populares como serigrafías entre 1968 y 196969, y acaba convertido todo el conjunto en emblema de su relación entre arte, publicidad y consumo. Hoy no es ya posible identificar una sola de esas 32 Sopas, pues todas nos parecen iguales, todas nos aseguran mentalmente que son de Andy Warhol.

Años posteriores, Andy Warhol y sus descendientes en la propiedad de sus obras, siguieron reutilizando el motivo en dibujos, encargos, objetos firmados, campañas y versiones tardías. 

En 1985, incluso volvió al tema Campbell’s en trabajos vinculados a encargos comerciales de la propia marca. Os dejo una relación de las distintas opciones que sobre las famosas Sopas Campbell’s se hicieron de forma original. De todas ellas hay múltiples impresiones de todo tipo.

Año 1962 — Campbell’s Soup Cans.
La serie original de 32 lienzos, con sabores como Tomato, Chicken Noodle, Vegetable, Beef, etc. Fondo blanco, lata roja y blanca, composición frontal casi idéntica.

Año 1962 — Latas individuales pero con variantes.
Warhol también hizo obras relacionadas como Crushed Campbell’s Soup Can, donde la lata aparece abollada o deformada, ya no como imagen perfecta de supermercado.

Año 1968 — Campbell’s Soup I.

Serie serigráfica de 10 estampas, ya no lienzos únicos. Aquí el método industrial cobra más importancia: repetición mecánica, colores planos, tirada múltiple.

Año 1969 — Campbell’s Soup II.
Otra carpeta de 10 serigrafías, con variantes más llamativas y menos “fieles” al envase original. Aparecen sabores distintos y un tratamiento más gráfico.

Esta muestra que vemos está expuesta temporalmente en el Centro de Historias de Zaragoza, y son serigrafías del año 1962.

1.7.26

El plátano de Andy Warhol


Este cartel de Andy Warhol de 1967 era para anunciar un disco y unas actuaciones del grupo de rock The Velvet Underground que en este caso iba acompañados de la cantante alemana Nico (Christa Päffgen).

Andy Warhol produjo este disco, aunque su influencia no fue mucho y los auténticos productores y los que controlaron mazclas y calidad de la producción, nunca salieron del anonimato. Se les atribuye a Norman Dolph, John Cale y John Licata, pero no aparecen en el disco.

Nos queda el diseño de Andy Warhol y por eso lo traigo hasta aquí. El primer plátano que se hizo famoso en el mundo del Arte.



30.6.26

Fotografía erótica de hace un siglo


Una de las variantes que tuvo la fotografía cuando se empezó a popularizar su consumo y compra, fue el erotismo en forma de postales. La gente, los hombres generalmente, desde finales del siglo XIX a principios del siglo XX, empezaron a descubrir que la fotografía también podría darles un recuerdo de bolsillo. 

El gran cambio en Europa llegó entre las décadas de 1880 y 1910, cuando confluyeron varios factores, aunque desde 1839 cuando se presentó oficialmente el daguerrotipo se abrió un nuevo camino comercial de impresión fotográfica.

Apenas unos pocos años después ya existían retratos de desnudos, primero con finalidad artística y académica —como ayuda para pintores y escultores— y muy pronto, con un claro objetivo comercial.

Las cámaras se hicieron más sencillas. Las copias fotográficas se abarataron enormemente. Mejoraron los sistemas de impresión. Aparecieron servicios postales muy eficientes. Creció una amplia clase media con capacidad de consumo. Fue entonces cuando el mercado de la fotografía erótica adquirió dimensiones verdaderamente europeas como una moda de la época.

París fue, sin discusión, la capital en la que nació esta industria. Allí trabajaban cientos de fotógrafos especializados. Muchos producían imágenes aparentemente "artísticas", inspiradas en la pintura clásica o en la mitología, para esquivar la censura, mostrando las primeras mujeres desnudas.

Era frecuente encontrar modelos caracterizadas como:Venus, ninfas. mujeres orientales, bailarinas, alegorías de las estaciones o figuras históricas de griegos y romanos con ciertos toques artísticos en sus posturas. El desnudo artístico y erótico gozaba en aquellos años de una aceptación mucho mayor que el desnudo abiertamente sexual.

Paralelamente existía también un mercado clandestino mucho más explícito, del que hoy tenemos menos ejemplos conservados. Muchas fotografías se adquirían durante viajes a París, considerada entonces una ciudad mucho más permisiva que otras capitales europeas, y no era extraño esconderlas entre libros o equipajes para cruzar las fronteras.

A principios del siglo XX uno de los grandes fenómenos fotográficos fue la aparición de las tarjetas postales ilustradas. Millones de ellas mostraban a actrices incluso conocidas, a coristas y bailarinas con vestidos transparentes y poses insinuantes.

Aunque hoy puedan parecer inocentes, muchas de estas postales fueron consideradas escandalosas en su época. En ocasiones se vendían en librerías o quioscos a la vista de todos pero otras solamente bajo el mostrador y a clientes conocidos.

Ya no era solo París, varias ciudades de Alemania habían hecho un negocio de impresión con estos modelos, y a s vez tanto Austria como Italia empezaron a crecer en un producto que aumentaba en su consumo. Eras casi cromos como los de los niños, pero de mujeres insinuantes.

Era un negocio sorprendentemente moderno para aquellos años, una moda, y las fotografías circulaban mediante venta en estudios fotográficos o librerías especializadas. Había catálogos por correspondencia e incluso comerciantes ambulantes que iban por localidades pequeñas vendiendo este producto. También había un mercado de este producto en tiendas de artículos para caballeros y un intercambio entre coleccionistas, y a su vez también existían distribuidores internacionales que enviaban sobres discretos por correo. El Amazón de principios del siglo XX, hoy inimaginable.

En conjunto, la fotografía erótica de comienzos del siglo XX fue el resultado de la combinación de avances técnicos y abaratamiento de la impresión fotográfica o con modelos de impresión de calidad como el huecograbado, una demanda creciente y una moral pública que distinguía entre el desnudo artístico aceptable y la sexualidad explícita.

Esta última, lo que podríamos llamar pornografía, quedaba relegada a circuitos clandestinos pues era ilegal. Esa tensión entre arte, comercio y censura definió buena parte de la cultura visual europea de la época y anticipó muchos de los debates sobre representación del cuerpo que continuarían durante el resto del siglo XX.