12.9.26

A la afición del Valencia Fútbol Club


Esta es una pequeña escultura metálica hecha en el año 1994 en honor a la afición del Club de Fútbol del Valencia en el 75 aniversario de su fundación en el 1919. La obra principal corresponde al escultor valenciano Nassio Bayarri, nombre artístico de Ignacio Bayarri Lluch (Valencia, 1932–2023).

De esta maqueta se hicieron varias piezas conmemorativas del 75.º aniversario como un obsequio institucional de tirada limitada, y no sé ni el número ni a quien se le obsequió con esta escultura.

La pequeña escultura que vemos en la imagen es la maqueta o reducción del monumento final que se instaló junto al Mestalla, su campo de fútbol. En la página personal del escultor y diseñador Juan Vilches aparece fotografiada una «Maqueta» del monumento del 75 aniversario cuya disposición de figuras coincide con esta.

La autoría artística del monumento es de Nassio Bayarri. Ahora bien, Juan Vilches tuvo una participación importante en su realización material.

Autor del diseño y de la obra escultórica: Nassio Bayarri (Ignacio Bayarri Lluch).

Colaborador en la realización técnica: Juan Vilches.

Material del monumento definitivo: acero corten y acero inoxidable.

Dimensiones que da el propio Vilches: aproximadamente 6 × 3 × 4 metros.



Virgen románica aragonesa

Virgen románica aragonesa


Hoy quiero traeros a esta ventana la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad, una talla románica de Virgen sentada en un Trono o Asiento de la Sabiduría Divina, realizada en madera de álamo con 83 cm de altura, vinculada estilísticamente a los talleres de Ribagorza y al entorno artístico de Roda de Isábena.

Aunque tradicionalmente se fecha en el siglo XI y su devoción se asocia a la conquista cristiana de la zona de Ribagorza hacia 1084, hay dudas sobre el año exacto de su construcción, pero es muy posible que sea cercano a esa fecha que he comentado.

Su aspecto actual está fuertemente condicionado por una restauración del siglo XX que añadió el revestimiento dorado, las coronas y diversos elementos ornamentales, piedras y la flor que lleva la Virgen.

El Niño es presentado casi como un pequeño Cristo en postura de Majestad. El modelo tiene antecedentes bizantinos y carolingios y se extendió con extraordinaria fuerza por la Europa occidental entre los siglos XI y XII y constituye una pieza que puede retirarse del regazo de María. Es un detalle técnico muy significativo, pues es desmontable como sucede en otras vírgenes aragonesas. No se sabe el motivo exacto de esto, pero es muy posible que en algunas ceremonias de aquellos años, solo se representara a la Virgen sin el Niño, por ejemplo, en Navidades.

La silla sobre la que se sienta la Virgen a modo de Trono es sumamente sencilla pero escultóricamente interesante. Posee cuatro montantes cilíndricos, pequeñas basas y remates redondeados en forma de pomo.

En la actualidad los rostros y las manos de la escultura (estas podrían ser posteriores) aparecen de un marrón negruzco muy intenso, por lo que numerosas publicaciones la incluyen entre las llamadas Vírgenes negras. Pero eso no demuestra que el escultor medieval quisiera representar una Virgen negra. El envejecimiento de la madera de álamo le había dado un hermoso «tono tostado" e incluso ha aumentado ese tono tan oscuro con barnices o intervenciones posteriores.

La Virgen había llevado mantos textiles durante siglos y a comienzos del XX aparecía completamente vestida de ropas. En fotografías de los años sesenta se aprecia la escultura sin las actuales coronas metálicas. La flor probablemente ocupa el lugar de otro atributo desaparecido y desconocidos. La posición de la mano indica que originalmente debió sostener algo, pero no sabemos qué era. Podría haber sido una flor, fruto, orbe u otro objeto simbólico; afirmar cuál sería especulativo.

Lo que os he dejado es la imagen desnuda de revestimientos dorados actuales que fotografió González-Simancas antes de la restauración —la imagen de una virgen en la que se ve la madera parduzca casi sin oro— más acorde con la idea primitiva de esta escultura religiosa.

La zona llamada Torreciudad está dentro de uno de los territorios donde confluyen Aragón, Ribagorza, Cataluña pirenaica y las corrientes del románico internacional. La tradición afirma que la imagen fue hallada o entronizada en torno a 1083-1084, coincidiendo con la conquista cristiana definitiva de la zona conocida como Torreciudad. Se considera que la talla pertenece claramente al ambiente artístico de Ribagorza y relaciona ese florecimiento con la actividad cultural de la sede rotense y con personajes como San Ramón, obispo de Roda, estrechamente vinculado también al arte del valle de Boí

9.9.26

Cristo ante Pilatos del Maestro Lupiana

Maestro de Lupiana. Cristo ante Pilatos

El cuadro y detalle del mismo que os dejo hoy es el titulado Cristo ante Pilatos, una tabla pictórica gótica del siglo XV (pintada entre 1450 y 1460) atribuida al anónimo Maestro de Lupiana.

La obra pertenece al gótico hispanoflamenco, anónima y vinculada por algunos expertos al círculo de Jorge Inglés. Se conserva habitualmente en las colecciones del Museo Nacional del Prado.

La pieza fue incautada durante la Guerra Civil en 1937 de la iglesia de Yebes (Guadalajara), y ha sido objeto de actos de restitución y depósito histórico en la provincia de Guadalajara.

La obra al completo es muy hermosa, pero los detalles de los personajes que llevan a Cristo detenido son sin duda un ejemplo de aquellos siglos de explicación religiosa mostrando malas caras de los "malos" y benevolencia de Cristo.

Jesús se sitúa en el centro de la escena. Aparece con las manos atadas y vestido de forma sumisa con una túnica sencilla. Su fisonomía y actitud transmiten una profunda mansedumbre y resignación. 

Frente a él se encuentra el gobernador romano Poncio Pilatos, quien se muestra imponente y poderoso. Está ataviado con ropajes sumamente elegantes y rematado con un singular tocado o gorro de clara influencia oriental, un recurso habitual en la época para dotar de exotismo a los personajes bíblicos alejados del cristianismo.

Rodeando a los protagonistas se agolpa una comitiva de soldados, sayones, un escriba y sacerdotes. Siguiendo las convenciones del estilo flamenco, el pintor recurre a la caricaturización expresiva, y mientras el rostro de Cristo irradia paz, los rostros de sus captores se distorsionan con gestos de soberbia, maldad y altivez.

La obra es un reflejo de la asimilación del estilo de Flandes en la Castilla del siglo XV (corriente hispano flamenca). Muestra una obsesión por la textura de los tejidos, el brillo de las joyas y un minucioso dibujo técnico que busca la tridimensionalidad en un espacio cerrado y teatralizado.

Vemos como detalles curioso al acusador, al que hoy podríamos llamar Fiscal que señala con el dedo a Jesús y hay otro personaje muy interesante que es la esposa del propio Pilatos, que se llamaba Prócula, que desde arriba le dice en una cartela a su esposo que intente ser justo sin implicarse en la condena.

Cristo ante Pilatos sección


7.9.26

Procesión de disciplinantes de Francisco de Goya


Los disciplinantes son penitentes cristianos que se autoflagelan la espalda en público como muestra de fervor y sacrificio religioso. En España y en otros países de tradición muy católica y con influencias españolas.

En el siglo XVIII, reyes como Carlos III y las autoridades eclesiásticas prohibieron estas procesiones por considerarlas escandalosas, pero se siguen practicando en varias localidades de España.

Francisco de Goya, conocedor de las tradiciones españolas en esa especia de Celtiberia mantenida aunque no siempre aceptada por los mentes más lógico hizo una obra que llamó precisamente Los Disciplinantes, en donde refleja una Semana Santa española con sangre y dolor, además de música.

Lo que vemos es solo una sección de la obra, en la escena de esas personas que se fragelaban la espalda con cilicios. El disciplinante que casi siempre es masculino, viste túnica blanca con la espalda descubierta, y se golpea hasta 800 veces con una madeja de cáñamo mientras recibe unos pinchazos en la zona de los golpes, por parte de un compañero para aliviar la sangre acumulada en los golpes.

Esta es una obra rectangular de 75 centímetros de anchura, un óleo sobre tabla de pequeño formato que pintó Francisco de Goya entre 1814 y 1816 y que representa un ritual de ese fervor católico. Junto a las Casas de Locos, los toros y la Inquisición, formaron una colección de obras de Goya, con los aspectos más terribles de la realidad española de comienzos del siglo xix.

Todos ellos reflejan motivos de costumbres que la ilustración y las ideas liberales (a las que por esta época se adscribía Goya) pretendían reformar.