6.9.12

La Creación, de Miguel Ángel, en alta resolución

El genial Miguel Ángel fue el más grande de los artistas del Renacimiento, ya que él cultivó y trabajó de forma maravillosa todas las esferas del arte, desde la poesía, pasando por la arquitectura, la pintura y, sobre todo, la escultura. Tal vez su obra más sublime sea la Capilla Sixtina del Vaticano. Y tal vez su detalle más conocido sea La Creación donde Dios abre su mano hacia Adán con Eva a su regazo. Es una obra enérgica, que más que pintura al fresco parece una escultura sobre la pared, llena de vida, de realismo, de volumen y fuerza. Esta obra, la Capilla Sixtina, encargada por el Papa Julio II para su Palacio Apostólico y en la que Miguel Ángel dedicó cuatro años de su vida, es una genialidad que hace cambiar para la historia del Arte una bóveda que era azul y con estrellas doradas semejando el cielo nocturno a una maravilla única. Dicen que Miguel Ángel no contó con la ayuda de ningún colega ni ayudante en la realización de este enorme obra, que Miguel Ángel hizo tumbado en un andamio que iba corriendo de posición. Tan mal lo pasó que llegó a escribir de esa obra que inicio en el año 1508: “... De afanarme en este trabajo me he ganado un bocio como las paperas que les produce el agua a los gatos de Lombardía... Los lomos se me han hundido en la panza, hago del culo, para contrapeso, grupa, y, perdidos los ojos, doy pasos en falso. Por delante se me alarga la pelleja, y, al inclinarme hacia atrás, se me rejunta de tal modo que quedo tenso como arco sirio. Con ello, mis juicios resultan erróneos y extravagantes, pues mal se puede apuntar y disparar con cerbatana torcida. Defiende tú ahora, mi muerta pintura y mi honor, pues ni éste se halla en buen lugar, ni soy yo pintor...”.
En la obra de La Creación destacan dos enormes y claras imágenes humanas: por un lado, Dios encarnado en un hombre ya anciano y con barba blanca y cabellos largos, que está envuelto por una túnica púrpura, que parece llegar a la Tierra rodeado de ángeles llevando bajo su brazo izquierdo una figura femenina, interpretada como Eva y que aún no había sido creada. Mientras su brazo derecho se estira, con el fin de otorgar la chispa de la vida a Adán. Y por otro lado, un Adán que está representado como un joven y hercúleo personaje, un nuevo hombre débil pero bello y grande que espera acostado en tierra a que le sea insuflada vida. ya que su brazo izquierdo se encuentra en la misma posición y a la misma distancia que el brazo derecho de Dios. Estamos a ante una composición artística de belleza excepcional en la que sobre todo se refleja el dedo creador de la mano de Dios. Un soplo de vida que se entrega en el contacto entre los dedos de las dos figuras.

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