Miquel Barceló y sus obras en despachos y no en museos


El artista Miquel Barceló se queja del uso que de algunas obras suyas se hace ya fuera de los circuitos expositivos de un Museo, para ser colgados en Consejos de Ministros o en despachos oficiales. Pero alejados de esa opinión que podría tener matices, os dejo una respuesta suya a una entrevista en El País, donde habla del papel del Arte.

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P. Hay una vieja discusión sobre la función social del arte, si el arte ha de crear espacios libres del mercado y de los poderes hegemónicos para ejercer un poder transformador, una discusión que atañe a la visibilidad de su obra en los museos.

R. Es una discusión un poco naíf. Yo distingo entre marxismo y comunismo. Mis amigos de más edad fueron comunistas por generosidad, pero yo, por fortuna, llegué tarde. Cuando asistí en los 70 a las asambleas del PSUC en Barcelona me acordaba de los curas que iban a los pueblos en busca de carne joven. Les enseñaban instalaciones con piscina y les prometían paraísos, pero enseguida vi que allí había una trampa. Acaba de salir en Francia Le partage de l’oeuvre, de Anne Sauvageot, que habla mucho de mi obra y que eligió para la portada imágenes de mi vitral de la Catedral de Palma. La obra de arte es una obra de colaboración, de relación con la gente que la hace posible. En el caso de los vitrales es evidente. Toda obra de arte es colectiva o acabará siéndolo con el tiempo. Vemos las pinturas de Chauvet como una obra colectiva porque no sabemos quién las pintó. Si te acercas a ellas verás que fueron pintadas por una sola mano y un gesto, un pensamiento, un espíritu común, e intuyes cómo la gente aupaba sobre sus hombros al pintor para que llegara más arriba. Los cuentos populares también nacen de ese espíritu colectivo. El buen arte siempre tiene una función social, incluso a pesar del propio artista. Incluso el más onanista, incluso el que tenga lepra y no salga nunca del taller, acabará teniendo un poder de transformación.

P. Como Kafka...

R. No hay nadie más individual que Kafka y con más poder transformador de mentalidades. Hace unos días visité la exposición de Matisse en el Pompidou que explora las relaciones de la pintura con la literatura. Pude disfrutarla porque estaba solo en las salas, vacías como suelen estar casi siempre las salas del Macba y del Reina Sofía. Han demostrado que son inmunes a la pandemia: tienen los mismos visitantes que antes.





Nota.: La obra que vemos de Miquel Barceló se titula: 

El estudio de las esculturas, una pintura del año 1993. 

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