5.9.18

Zaragoza-Napoli: la verdadera Vía Pignatelli

Me está tocando navegar con placer y delectación por un verano napolitano, casual, no porque lo haya decidido. Pero es que unos amigos muy queridos allí han ido, y a la maravillosa costa amalfitana y Capri, y me han mandado unas fotos fantásticas.

Al alimón de que profundicé en el cine y la literatura de Sorrentino, en esa onda italiana de reacción estético-clasicista-popular –de todo tienen afortunadamente- contra la atonía de la Europa de los Mercaderes. Que sigue un poco –o antecede, da lo mismo- a la descripción de Markaris del sufrimiento griego desde Atenas, en forma de literatura negra.

Las fascinantes novelas del autor o autora que ha elegido como seudónimo a Elsa Ferrante, la revisión de la música de Renato Carosone, la sacudida que me provocó conocer Stabia de la mano de “Gomorra” novela-ensayo-película del perseguido Saviano, han supuesto una banda sonora y literaria napolitana imprescindibles en mis aventuras artísticas de los últimos años.

Respecto de la que apunto una primera negación: excepto por la parte de determinada gastronomía, que incluye en las pizzas la albahaca oscense, Nápoles y Palermo no son las Sevilla italianas. El sur italiano tiene algo de fenicio, pero mucho más de nitidez griega y aragonesa nada y nunca autocomplaciente. En Italia es una onda expansiva de somardismo y nitidez que siempre inspira peligro y salta las alarmas, Napoli como problema por excesivo nervio y sensualidad.

Así, la falta de proyección y proyecto europeo e internacional de Zaragoza debería elegir a estos puertos de arribo del sur italiano como ejes del proyecto, no tanto a Toulouse-Tolosa, feudataria en su día de los reyes de Aragón.

Es punto conocido que existe una construcción catalano-aragonesa que sustenta la relación, un Castel Aragonese. También que la mafia se originó ante la superior injusticia, es historia, de la administración castellana-austria de las vías Toledo-Napoli y Maccheda-Palermo respecto de la tolerante desconcentrada de los reyes Aragón.

Volviendo a Zaragoza, tenemos que nuestro principal vecino y ciudadano sin ambages es de origen y carácter volcánico napolitano. A Misser Pignatelli, visionario en la consideración de Zaragoza como cruce de caminos que necesitaba agua, le debemos sin duda y junto a la pérdida de Cuba y la producción de remolacha, el germen del salto a la ciudad de 100.000 habitantes que originó los mimbres de la ciudad actual, con agua suficiente en la mitad del desierto.

El origen de Ramón Pignatelli y Moncayo, cierto es, es esta preciosa mansión de la rama que heredó el patrimonio familiar en Napoli, ciudad donde formó su memoria afectiva, estudiando también en Roma.

A este preclaro napoli-zaragozano le debemos la necesaria humedad que consigue con achaques en el valle del Ebro el fascinante escenario creado por la marítima y el suelo volcánico del Vesubio, lugar de impresionantes vinos con sabor ahumado.

Imaginamos que Pignatelli, familiar por otra parte de Aranda, tendría cumplido conocimiento de la historia de Aragón. Y vino a aproximar con su gestión la pujanza napolitana a la de la capital histórica, que no principal ciudad ni marítima, de la Corona. Ahora Nápoles es puerto-Gomorra y Zaragoza el principal aeropuerto de mercancías del sur de Europa… A ver si tiene quién le escriba.

La falta de proyectos estratégicos para Zaragoza ciudad es palmaria, el pulso cultural y de proyección exterior de la misma no existe o es anodino… Empecemos por nuestra propia historia… Es un trabajo de Zaragoza pues el Gobierno de Aragón y España abandona este período histórico por conveniencia: para no reconocer que uno de los mayores polos de conocimiento en la historia política y económica española tuvo a Zaragoza como líder e impulsora desde un punto de vista y origen urbano, como cabeza y cabecera de Aragón: la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.

Que se basó en el fecundo intercambio entre Napoli y Zaragoza, por este orden. Que revisó y actualizó las conexiones fecundas creadas en la Baja Edad Media.

05/09 Luis Iribarren

Nota.: Esta entrada se la dedicamos al grupo musical de Zaragoza: Los Nápoli, un pequeño grupo que quiso traernos a nuestra ciudad la música de Renato Carosone y se me cruzó en la vida en 1970. ¿De verdad existió alguna vez el año 1970? Juan José Miravete sí existió.

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