8.10.18

El cine de Robert Altman: Short Cuts y Australia

Me gusta el cine de Robert Altman, particularmente en “Vidas Cruzadas” y en ese ejercicio de ironía y cinismo desbordante postmoderno que es “Pret-a-Porter”.

Ambas, impagables reflexiones sobre la miseria de la condición humana en acción necesaria y cuando se ve reducida a meros cruces a tener que surfear por tener que soportarse casualidades que te marcan la vida a las que atender y que es imposible no hacerlo. O de no hacerse, también te la marcan. Aspecto también desarrollado por “Un día de furia”, cuyo ritmo me parece magnífico.

La segunda, en concreto, es una delirante reflexión sobre las consecuencias últimas a las que conduce la vanidad humana, describiendo la velocidad de crucero y desplazamiento a la que son sometidos los juguetes rotos en el mundo de la moda. En mi opinión, representa una continuación del mejor cine de Wilder, aparentemente superficial…

También disfruto mucho y la he revisado en muchas ocasiones, por su importancia musical y calidad de fotografía, la fantástica “Kansas City”, revisando Altman el pasado de su propia ciudad como yo lo haría respecto de la Zaragoza de los grandes cafés de los felices años 20, los de tertulia prerrepublicana.

Kansas City, en mitad de la 66, fue un centro donde eclosionaron las tendencias musicales tan influídas por melodías de acordeón francesas del primer jazz. Fue la joya de la corona, el escenario de la eclosión de Count Basie y la evolución del estilo desde el ragtime a la improvisación libre que todos hemos amado alguna vez, en mi caso en forma y modo Coltrane.

Así que esta cinta para mí es una película que afina y acera mi sentido metronómico interior, pero con la que disfruto, considero de complicadísimo montaje y está basada en cuentos de uno de mis escritores favoritos, Raymond Carver, es la mencionada “Short Cuts” o “Vidas Cruzadas”.

El reparto presenta una calidad que se desarrolla con cuentagotas, contenida, como provoca una presencia en historias cortas entrecuzadas de 5 a 10 minutos de Robbins, Julianne Moore, la McDowell, la enormísima Anne Archer o de Chris Penn, que con mayor metraje en muchos casos son algo pesados. Yo solamente echo de menos a mi actor favorito de los 80-90, que no es otro que el judío errante pero sedente Harvey Keitel, del que compondré un friso en su debido momento.

Tres grandes historias, tres punzantes intromisiones en la sociedad americana mirando por la mirilla hacia sus vidas privadas y públicas, que conforman una descripción sin enjuiciamiento alguno del no milagro americano y que Altman realiza sin que sea posible su traducción ni traslación en España ni Europa. Personaje especialmente apropiado a tal efecto, como descendiente de los llegados en el Mayflower. Con sello y marchamo de hijoputez porque tú lo vales y te la consienten, de garbanzo negro que elige como tema la historia afroamericana y lo hace al mismo nivel estilístico deslumbrante de Toni Morrison.

Mis vidas cruzadas también empezaron desde mi infancia: mi abuelo californiano regresado, mi otro abuelo luchando en el Rif junto a Franco pero, fundamentalmente, el puzzle plural que fue mi clase en primaria y mi entorno en Berdún. Con mis mejores amigos hijos de emigrados y con una composición donde no faltaban un portugués, un australiano hijo de filipino, un nacido en Suiza o compañeros con origen en todo Aragón, Soria, Cinco Villas o Navarra.

Una riqueza de vidas cruzadas. De distintos ambientes por distinto origen de los padres. La recuerdo ahora que las fiestas del Pilar emparenta por nombre y, es oportuno enorgullecerse, por centralidad zaragozana a mi madre nacida en la maternidad que la República erigió en los espacios de la plaza de Toros de Zaragoza, a la madre madrileña de idéntico nombre de mi amigo australiano o a una de mis novias históricas de Molina de Aragón.

El nombre Pilar, portado por tantas y tan diversas, sería uno de los posibles ejes conductores de un short-cuts a la aragonesa con derivaciones en cualquier parte: en Mallorca, en América, en Madrid o Cataluña… Tan unificador como misión aragonesa de la marca España como Radio 3.

La banda sonora de Chris Isaak para “Vidas Cruzadas”, ese delicadísimo vikingo gringo, todavía me pone los pelos como postes de alta tensión.

Australia se metió a través de Antonio en la vida de 42 niños, como después lo haría en su adolescencia a través del grupo de culto de todos nosotros, ACDC.

Short Cuts, pequeños cortes, pero le falta Deep por delante...

07/10 Luis Iribarren

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