De lo que vemos, de esas impresiones de nuestra retina que representan la totalidad de lo que observamos, los fotógrafos y artistas en general, tenemos que seleccionar, encuadrar, delimitar para elegir algunos elementos visuales y desechar otros.
Lo más elemental de todo es aumentar o disminuir aquellos elementos que queremos destacar o intentar que tengan menos protagonismo. Para ello nos movemos nosotros si hablamos de fotografía o modificamos su aspecto si estamos pintando. Nos acercamos o alejamos, elegimos un punto de vista en donde se vea mayor lo que queremos resaltar.
Buscamos referencias de líneas, intentamos remarcar con ellas, y de forma visual que el espectador se dirija con su mirada hacia los objetos que preferimos elevar como importantes para nosotros.
Podemos modificar colores, texturas, enfoques, detalles, para que el que nos mira la obra miré mejor aquello que nosotros deseamos que observe con más milisegundos.
En fotografía gran parte de todo esto lo logramos con el encuadre. O esperando unos segundos a que se nos muevan los objetos que nos molestan. O a veces volviendo al lugar unas horas antes o después, para que la luz cambie y nos muestre los contrastes que deseamos.
En fotografía turística esto es imposible. A veces tienes que fotografiar lo que estás viendo sin posibilidad de volver al mismo lugar por la tarde o al amanecer, o en un día de sol potente.
Luego en el laboratorio, sea digital o analógico, algo puedes hacer, sin que nunca parezca artificial.
Vamos a ver tres imágenes de la misma escena. Los tres encuadres están realizados en el ordenador, pero nos sirven para entender lo que digo. Siendo la misma escena (la de arriba), podemos fotografiar tres escenarios bien diferentes. Parecerían tres momentos distintos, pero en realidad es el mismo pero encuadrado de diferentes maneras.
Lo hemos realizado en el ordenador, pero lo podríamos hacer a la hora de realizar la fotografía. ¿Qué queremos resaltar, encuadrar, mostrar?