6.5.26

Mario Merz y una obra de Arte Povera


De su exposición en el Museo Reina Sofía de Madrid, en el Palacio Velázquez, os dejo una imagen de las obras retrospectivas que se presentaron del artista italiano Mario Merz. En este caso una obra del año 1989 titulada: "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano". 

Es una mezcla de neón, periódicos, metales y lienzo, construyendo una especie de paisaje dentro de aquella exposición que se tituló: El tiempo es mudo

Arte Povera, materiales pobres, reciclados en algunos casos, industriales o de esa cultura del siglo XX, muy industrial, muy comunicativa con materiales efímeros muchas veces.

¿Qué somos? 

¿Qué queremos pensar? 

¿Qué nos quieren dirigir a pensar? 

¿Qué vemos de entre todo lo que miramos? 

¿Qué se esconde dentro de lo abultado de todo lo que nos llega? 

Estamos halando del año 2019, hoy ya en el 2026 todo vuelve a tener el mismo sentido de dudas, de manipulaciones, de el poco valor que le prestamos a lo que firmamos, a lo que creemos que es válido, y en realidad es siempre papel mojado.


2.5.26

Un mural del siglo XXI en Madrid


Este es un mural de Madrid, creo que es muy bonito, hermoso, de una gran calidad para ser un mural de muchos metros de altura, del que sin duda si fuera contemplado por los muralistas del siglo XVIII o XIX que los había contratados por la iglesia, se sorprendería.

Podría irme a más siglos pasados, a Europa por poner otros ejemplos, a Monasterios del centro y este de Europa. Pero me quedo aquí, en los murales de arte contemporáneo que todavía se siguen haciendo en el mundo en este siglo XXI, en Zaragoza o en Madrid, en muchas localidades españolas.

Ninguno de estos grandes murales, obras de arte urbanas, llenará los museos del siglo XXII. Si acaso verán fotografías. Este Arte es efímero, pasará con el tiempo, se va destruyendo, cambiado por otro que se pinta encima. Como siempre ha sucedido entre los artistas que aprovechaban varias veces los mismos lienzos.


1.5.26

Mark Manders en New York


El Arte puede ser también algo desagradable como en este caso. La belleza se puede esconder dentro de lo extraño, de lo feo, de lo no habitual. Es una manera de provocar.

Esta escultura de Mark Manders, una destacado artista visual contemporáneo de Países Bajos y reconocido sobre todo por su proyecto continuo "Autorretrato como un Edificio" iniciado en 1986, que abarca escultura, instalación y dibujo, nos deja esta obra titulada "paisaje con Cabezas Pintadas" realizado en el año 2026 realizada con apoxy pintado, maderas y lienzo.

Está instalada en una amplia exposición de la sala Tanya Bonakdar Gallery de New York, donde presenta sus nuevas obras que van desde bustos monumentales de bronce hasta paisajes escultóricos abstractos y pinturas u obras discretas en papel.
Ensoñadoras y fragmentadas, estas nuevas piezas llenas la galería de New York como si fueran una serie de pensamientos a los que el artista dio forma y luego los congeló en el tiempo.

Experimentados juntos, las obras forman una especie de escenografía de la mente para que el visitante se mueva y habite rodeado de los pensamientos de artista.

28.4.26

El año del hambre en Madrid, de José Aparicio e Inglada


Esta obra pictórica es la más famosa y conocida de cuantos cuadros se pintaron durante el reinado de Fernando VII y el más difundido en su tiempo por todo el reino, debido a la carga adulatoriamente propagandística de su argumento tan propagandístico.

Pintado en el año 1818, más que un cuadro de historia, el lienzo de José Aparicio e Inglada representa en realidad una singular alegoría histórica, modalidad en la que este artista era verdadero especialista, sobre la dramática situación de hambre que hubo de soportar la ciudad de Madrid durante la ocupación napoleónica en los años 1811 y 1812.

Los ciudadanos rechazaron las ayudas que les ofrecían las tropas invasoras, lo que vino a producir un terrible hambre y enfermedades que se unían a las heridas de guerra y a la situación tan penosa de aquellos años.

En el cuadro vemos a un grupo de soldados franceses ofreciendo alimentos a un grupo de personajes madrileños, famélicos y harapientos, en los soportales de la Plaza Mayor de Madrid. Un anciano sostiene en su hombro a un muchacho mientas recoge en su regazo a una mujer ya muerta, junto a otro niño pequeño. Junto a la pilastra con la inscripción en letras doradas que proclama la fidelidad del pueblo madrileño a su rey, otros comen mondas y sobras, mientras detrás del grupo principal, un madrileño de anchas patillas y bicornio se abalanza con mala cara sobre los militares gabachos, retenido por su mujer, que lleva a su bebé en brazos.

Las figuras intentan provocar al espectador, no están claramente en posiciones muy reales, con gestos que de alguna manera buscan ridiculizar, caricaturizar el momento, de forma alegórica.

El lienzo desató las alabanzas más apasionadas durante el reinado de Fernando VII a modo de propaganda más que de crítica artística serena, pero el cuadro nos ha llegado en un desastroso estado de conservación, burdamente repintando en un porcentaje muy elevado de su superficie, afectando a figuras y zonas principales de la composición, razón por la cual no se había expuesto públicamente desde hace muchas décadas.

El Museo del Prado quiere ahora, en este 2026, que se redescubra una pintura que fue célebre hasta el exceso y que después quedó arrinconada por la política de cada tiempo, al ser considerada una obra excesiva, propagandística y de poco valor.

Y está bien esta relectura de la obra, admitiendo todos los que nos movemos cerca del Arte, que siempre ha sido un elemento, una herramienta de propaganda, posiblemente desde la prehistoria, cuando todos querían hablar e influir con sus pinturas en las cuevas, con sus decoraciones de sus palacios, con sus interpretaciones religiosas o las muestras de sus batallas ganadas.