No parece existir dudas de que la Semana Santa en España, además de muchas maneras de entenderla y vivirla, tiene un componente estético y artístico indudable. A veces mayor que el religioso puro. Hay muchas maneras de entender la religión y no siempre acertamos con la mezcla. Tal vez la Semana Santa vaya camino de una desviación.
Sobre todo la Semana Santa en casi toda España, que año tras año va creciendo en ese componente de mejora continua, ese deseo de hacerla más grande y a ser posible mejor y más novedosa. Introduciendo música o ruido, sonido, iluminación y de alguna manera incluso espectáculo.
Fuera de esa consideración artística y estética, no quiero comentar nada más, pues este es un blog de Arte.
Sí afirmar desde mi punto de vista, que se está convirtiendo en un periodo temporal (o no tan temporal) que ya es mayor a una simple semana cada año, en el que se trabaja muy bien todos los componentes artísticos en general. No sé si también los componentes religiosos. O si lo sé, incluso me lo callo.
Ya hay ciudades que no celebraban en la calle representaciones procesionales, y que las recuperan; y otras amplían las suyas o crean versiones diferentes con añadidos, que son partes de unas ceremonias realmente teatrales de alto nivel.
¿Hasta dónde se mezcla turismo con religiosidad?
La Semana Santa es un periodo religioso de reflexión, de ensimismarse para recapacitar, o al menos eso es lo que debería ser. En tiempo raros y revueltos, debería servir para plantearnos las situaciones.
Pero en cambio, no utilizamos (en muchos casos) esos tiempos para nada que no sea ganar a la cofradía rival y vecina.
Un mal precedente, o al menos, una admisión de que vamos por el camino equivocado. Ojo, es mi pequeña opinión.