El Arte en la antigüedad tenía poderes mágicos, pues era capaz de vencer a los poderes de la naturaleza, a los espíritus malignos, y acercar las divinidades a los seres humanos, débiles y temerosos ellos, para que no fueran atacados por los que no lograban entender, pero que existían, no sabemos si por entonces desde arriba o desde abajo.
El Arte atrapaba a las almas de los difuntos para emplearlos como intermediarios, pues como eran familiares de los vivos, intercedían entre los Poderosos y los débiles humanos.
Lo de menos es creer que esto es posible, pues siempre el ser humanos de cualquier cultura, desde los prehistóricos a los actuales, han (o hemos) estado seguros de que es así nuestra vida terrenal.
Se necesitaba invocar a lo desconocidos para influir ante las fuerzas destructivas y las que organizaban los castigos. No tenían duda de que "algo" existía, pues veían sus ataques naturales y no los entendían.
Los humanos necesitaban dominar o al menos conocer las fuerzas de la naturaleza, y a su vez y por lo mismo, necesitaban dominar el trabajo de lograr alimentos.
Y para ello era necesario crear un mecanismo de comunicación con los Más Altos, de intercambio de necesidades. De entenderse y entenderlos. Como sucede ahora mismo.
Desde las cuevas los oraban y los recordaban. Y estaban seguros que desde las alturas cuidaban de ellos, en la medida en que eso era posible.
Con sus pinturas intentaban controlar su propio destino, dirigiéndose a los que posiblemente serían sus Dioses o sus Seres Especiales, a los que realmente desde algún lugar, eran los que controlaban sus vidas,
Mezclar el Arte y la Religión ha sido una constante. Y digo ha sido, con el error asumido de que debo decir "sigue siendo", pues incluso desde el mundo abstracto del Arte hablamos con nosotros mismos, pero lo hacemos con y desde nuestro interior hacia ese exterior que nos imaginamos.



