20.6.26

Antonio López en Zaragoza. Sus palabras


El pintor pero sobre todo artista Antonio López ha estado en Zaragoza para plantear una ponencia dentro del Congreso 'El mundo que viene' realizado por Fundación Ibercaja

Os dejo unas respuestas que nos ha dejado en una entrevista para Heraldo de Aragón. Son perlas de un artista tremendo, y vivo, al que hemos disfrutado y visto de forma contemporánea.

La fotografía utilizada para acompañar esta entrada es de Víctor Mateo, para Heraldo de Aragón-

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Vivimos en un mundo amenazante. Lo que ocurre actualmente y se cuenta en los periódicos ya lo es, pero hay una amenaza de la que no se habla: los humanos nos creemos los dueños de todo, de los animales, de los ríos, de todo el aire, y lo vamos aplastando todo como unas bestias, como animales. Hay que vivir con más sensibilidad hacia lo que nos rodea, una vida más austera, porque esto que tenemos y disfrutamos tiene que durar más. No podemos acabar con todo.

Todos somos testigos de la historia. Yo pinto como mis amigos, los que formamos la llamada Escuela de Madrid; no hemos tenido una actitud crítica, somos más velazqueños que goyescos. Goya opinaba con su arte: veía algo horrible y hacía las pinturas negras, o los Caprichos. Nosotros elegimos mostrar cómo veíamos las cosas y dejar que la gente juzgase: una actitud admirativa.

He dedicado mi vida, más que a buscar la luz, a huir de la oscuridad más terrible, la ignorancia. Hay que aprender, intentar llegar a donde puedas en el conocimiento de las cosas, cada cual desde el sitio que esté. A mí, la curiosidad y el saber me han salvado la vida.

Me conmueve la música, hasta la lágrima. Es arrebatadora. Quizás no dura tanto en mí, eso sí. También puedo estar viendo una pintura que me gusta y la miro una y otra vez, puedo relacionarme con ella sin que me trastorne... pero la música, o ciertas músicas, sí me trastornan. La arquitectura también me impresiona: de hecho, ciertas obras arquitectónicas me parecen lo más grande que ha hecho el hombre. El Partenón, por ejemplo; si lo viésemos con todas sus pinturas, con la diosa dentro, no podríamos resistir la emoción. O Nötre Dame, o la herencia arquitectónica del antiguo Egipto, la Sagrada Familia de Gaudí… Yo me paso la vida mirando para atrás y no me canso. ¿Cuándo empieza el atrás, de todos modos? Yo le llamo memoria, y está en el presente. El futuro casi no lo considero.


19.6.26

La calma en el Arte Islámico


El Arte Islámico no intenta contar una historia con personas; intenta hacernos sentir que la belleza puede construirse con líneas, colores, ritmo y paciencia. Es un arte que convierte la geometría en poesía y las paredes de sus espacios, sean palacios, mezquitas o casas particulares, en un lugar donde la vista nunca deja de descubrir nuevos detalles.

Aunque hoy podemos hacer estos dibujos con un ordenador, hace casi mil años todo esto se realizaba a mano, pieza por pieza, con una precisión extraordinaria. Los artesanos tardaban meses e incluso años, en terminar la decoración de una sola sala.

Esta imagen muestra una parte de un edificio construido en España por artistas musulmanes hace muchos siglos. Este tipo de decoración pertenece al Arte Islámico, un arte que buscaba transmitir belleza, armonía y la grandeza de Dios sin necesidad de representar personas o animales. En muchos edificios religiosos del Islam se evitaba representar personas o animales para que la atención no se dirigiera hacia las imágenes, sino hacia Dios y hacia la belleza de la creación.

En su lugar vemos dibujos hechos con líneas, hojas, flores y formas geométricas que parecen repetirse una y otra vez. Los artistas musulmanes pensaban que el universo estaba lleno de orden y de belleza. Por eso decoraban las paredes con dibujos que parecían no terminar nunca. Era una forma de recordar que el mundo creado por Dios también es infinito y está lleno de equilibrio.

En sus obras destaca el azul y el blanco. El azul recuerda al cielo, al agua y a la tranquilidad. El blanco transmite limpieza, luz y pureza. Con muy pocos colores conseguían que los edificios parecieran elegantes y luminosos.

Hay varios tipos de dibujos, de figuras. Trabajaban los motivos vegetales, que parecen hojas, flores o ramas, aunque muchas veces son imaginarias, las formas geométricas, construidas con una precisión casi matemática, y a todo ello le añadían escritura árabe, que en muchos edificios también forma parte de la decoración, aunque en esta imagen apenas aparece, excepto en la zona alta. Todo está hecho con muchísimo cuidado. Cada pieza parece colocada exactamente en el lugar donde debe estar.

Si observas esta imagen durante un rato, probablemente notes que transmite calma. No hay nada que llame la atención de forma brusca. Todo parece estar en equilibrio, como si cada dibujo ayudara al siguiente. Es un arte que invita a mirar despacio.


18.6.26

Las obras de arte de Agustín Sciammarella


Esta es una mal llamada "Viñeta" pues es una auténtica obra de Arte con mayúsculas. O así me lo parece a mi. ¿Y quien dijo que las viñetas no podían ser obras de Arte con mayúsculas?

Está publicada en el diario El País como viñeta, hecha por el artista Agustín Sciammarella, un ilustrador caricaturista de prensa, argentino y lleno de premios, que trabaja para numerosos medios de comunicación de medio mundo. 

Tal vez haya exagerado yo, pero es que él también sabe exagerar en sus trabajos, como parte excelente de sus puntos de vista.

En esta obra que os dejo, ha retratado al expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero, ahora en horas delicadas. 

Rafal Milach y una imagen de su proyecto The Winners


El artista fotógrafo polaco Rafal Milach no deja una imagen curiosa por lo que representa como ejemplo que da la sensación de ser una imagen sin trabajar, mal elegida incluso, que cualquiera sin criterios podría hacer. No tiene nada que llame la atención… excepto que no parece una fotografía con arte, con capacidad de llamar la atención.

No es correcta esta apreciación precisamente por ser una imagen que refleja eso, el abandono, la anti estética, incluso la anti fotografía habitual. Parece hecha por un mal aficionado, y ese es su éxito de un artista con múltiples ejemplos de lo contrario.

En Madrid, dentro de la exposición "Refusal. Second Fractures" podemos ver muchas más obras de este autor dentro de PHotoESPAÑA en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Son pequeños ejemplos de imágenes hechas en Bielorrusia, que muestran su dura realidad, retratada por una persona que intenta transmitirnos un punto de vista real, matizado con ciertas dosis en los encuadres o en la elección del enfoque y del color.

“Trabajé un tiempo como fotógrafo oficial de prensa en Bielorrusia” —comenta Rafal Milach para El País—, como miembro de la agencia Magnum desde 2018 y activista. De ascendencia bielorrusa, viajó al país para conocer la localidad en la que habían vivido sus antepasados.

Esta imagen, dentro de su proyecto The Winners hecho entre los años 2011 y 2013, muestra precisamente ese punto de vista anquilosado, antiguo, congelado, casi esperpéntico de una sociedad que aparece sin proyecto por culpa de sus gobernantes.