¿Por qué no queremos que el Arte Actual permanezca?


El Arte del siglo XXI tiene mucho de efímero, de líquido, de construir y deconstruir. De montar y desmontar para que nada quede. Es como un Arte inseguro, débil en su autoestima pero potente en sus formas, sin deseos de perdurar ni de permanecer con sus huellas en el tiempo. Es como si el Arte del Siglo XXI (y el final del siglo XX) deseara pasar desapercibido, consciente de que no se entenderá en el futuro.

La mayoría del Arte Contemporáneo que ahora creemos poner en valor es una mezcla de Arte imposible de mantener en el tiempo. Daría igual si son animales dentro de formol, montajes de elementos naturales rodeados de arenas y polvo de ladrillos, si son frases en una pared o Arte Urbano. 

Mientras seguimos descubriendo maravillas egipcias en las tumbas o mosaicos romanos en palacios, el Arte posterior lo vamos creando todos para que no permanezca. Dese Arte digital a montajes que desaparecen cuando se baja el telón, desde juegos de elementos sobre una mesa o en el suelo a formas de luces y espacios que configuran montajes de escenas efímeras.

¿Por qué no queremos que el Arte Actual permanezca? ¿No será que estamos totalmente convencidos de que no tiene valor?

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