Aragonesxs.: Andrea Fandos. Héroe de leyenda

Andrea Fandos está en sexto de primaria pero ya ha llegado a Ítaca y, además, ha disfrutado como niña del viaje, aunque los premios se los lleva su hada madrina, esa escritora y algo más que dibuja el final del techno, principios del grunge y, entre medio, el santo advenimiento del rock de Zaragoza que se ha oído en Alemania y México. Y el de secano, que nos quedamos al este del Moncayo, enterrado en el Cementerio Alemán de Torrero. 
Que no sé cuándo abren y voy por el décimo intento de horadar. Para dejarle una flor de cardo a Mauricio. 

Pilar Palomero ha escrito, compuesto y hecho imágenes de su paso a la adolescencia en aquel país en que se avanzó, más en Aragón, a demasiados trompicones. Como dice Cioran, solo te fíes literariamente de las memorias autobiográficas (del fondo, el autor no te lo pide).

La mirada de Andrea, que Boyero ha sentido que era la de Ana Torrent en el “Espíritu de la Colmena” de Erice, creo que para un aragonés y más para una aragonesa que viviera el periodo es mucho más.

Su naricica respingona y un poco partida, su terso y brillante aun con el cierzo pelo oscuro pero, sobre todo, sus ojos penetrantes lánguidos expresan esa herencia de aguantar que lleva marcada en su apellido del Bajo Aragón. Los Fandos son así, delgados hijos de las tres culturas: tiernos, hospitalarios pero justicieros.

No conozco aún a ninguno que rompa ese patrón y algunos han sido íntimos amigos personales, de silencio de toque de bombo viendo amanecer en calvario recortado. Divisando el desierto cicatrizado por el río Martín de las huertas de habas, en que los abuelos tablicas repartían esa poca agua, la misma canalizada por sus manos como sarmientos bereberes y judías. Esta niña es una garnacha centenaria y huele a trigo Aragón 03.

Sin eso que yo quizás me invento (que lo estáis pensando), el viaje de su personaje Celia al pueblo de colonización de su madre por carretera entre rastrojos sedientos, su actitud con su abuela de silencio sin destacar, es casi inconcebible que haya sido capaz de ejecutarlo una cría de este siglo.

De dónde la habrá sacado ella sola lo sabe pero que tiene cicatriz en la mirada, la dulce Pilar Palomero lo ha visto.

Lo mismo podría decir el resto de actrices del reparto, a las que llamaría seguramente Ken Loach para su siguiente película y, educadas en la actual abundancia, igualmente se saldrían interpretando eso que todavía queda y no arregla el liberalismo para abundantes. Lo que todavía vemos. Eso que está y se llama fin de la clase media, se llama familia uniparental sin apoyos, se llama aún hoy pagarás negar que hay que tener amigos hasta en el infierno. Y ojo destaques.

Cada vez que vea la película, y van a ser muchas porque estamos como con la literatura de Martínez de Pisón ante un flash back de vuestra propia vida, Pilar Palomero merecerá un nuevo premio. La película suscita muchas fobias en la propia Zaragoza, normal, hay tíos de mi generación que no saben con quién están casados. Y la otra, hoy, todavía calla.

Yo me quedé con otro frío de cierzo. Sales del Palafox y ya no hay colas, ni está la guantería del pasaje ni el pasaje ha tenido la suerte de ser especulado, es un muerto viviente por su pequeña superficie. Sigues por la calle Alfonso tomada por franquicias, como cualquier milla de oro de ciudad occidental. Todo es aséptico y ordenado, la educación qué decir, para disfrute de la generación de Andrea.

Aunque estas niñas volverán de por vida a los bloques del final de los Pinares de Venecia y aún verán algún R-6, Corsa viejo montado por sus abuelos o 2 Caballos en uso aparcado.

Gracias a todas vosotras por hacer historia. Gracias a Mariano Anós por treinta segundos soberbios, representativos de la hondura escénica aragonesa. La continuidad de Chomón está asegurada, qué nos deparará la segunda… Pilar Palomero beberá de las fuentes de Coixet para no repetirse pero dudo que superarse, aspira a empatar maña…

22.03 Luis Iribarren

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