¿Quién ha dicho que el Arte Pictórico no es Literatura rápida?

En la pintura religiosa católica hay un número muy importantes de obras que intentan representar La última Cena de Jesucristo con sus Apóstoles. Todas (o casi todas) estas obras se mueven con unos parámetros en el diseño del conjunto muy similar. Un Cristo santificado en el centro, de pie y en grande para tener la obligación de dirigir nuestra primera mirada hacia el que representa ser el protagonista. 

Una distribución de los 12 apóstoles a su alrededor, de forma mucho menos importante que Jesucristo, y rodeando a la figura central que debe visualmente sobresalir.

Hay jóvenes y ancianos, todos están tomando vino y pan y en algunas obras hay carne encima de la mesa. Es una escena claramente teatral, con actores representando una historia.

La única serenidad la representa Jesucristo mientras que al resto de Apóstoles les dedica la obra pictórica la acción clara de la incertidumbre, la tristeza, el desasosiego ante el futuro.

Y en todas ella está la figura oscura, tapada, escondida, ácida, de un Judas traidor que se quiere esconder, huir, pasar desapercibido pero logrando todo lo contrario.

A partir de estos condicionantes de la misma historia contada a muchas culturas distintas hay muy diversas maneras de lograr que la lectura de la obra sea siempre igual. 

Se juega con las miradas de los personajes, con la composición en distintas alturas, con los brazos y por ellos con los brillos y las luces, incluso a veces con los colores. ¿A quién queremos protagonizar? Pues le ponemos los colores más brillantes y puros.

Es una manera de escribir una historia alrededor de una imagen. Y es lo que tenían en la Edad Media para explicar constantemente a los analfabetos de aquellos siglos una historia más o menos literaria, y que fuera comprendida en pocos segundos. ¿Quién ha dicho que el Arte Pictórico no es Literatura rápida?

La obra que vemos arriba está en el interior de una iglesia de Croacia.

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