La pintura es música plana que no escuchamos, solo observamos

Una pintura, una obra de arte visual es rítmica, es como una música convertida en algo plano que no escuchamos sino que vemos, observamos. Pero si está bien realizada la obra, su observación nos llevará unos segundos secuenciados por el artista, por un ritmo, por una cadencia de espacios en el tiempo, que iremos contemplando a distinto ritmo y a diferente intensidad.

No existen notas musicales (o casi) en un cuadro pictórico pero existen colores, contrastes, direcciones en los trazos, espacios, volúmenes, un conjunto de formas que nos configuran algo que entenderemos o que de entrada no comprendemos hasta que le dedicamos un tiempo. 

O que incluso nunca entendemos, pero decidimos mientras contemplamos la pintura si nos gusta o en cambio nos disgusta.

Pueden conformar el cuadro unas figuras geométricas, simétricas o no, que se intentan mover dentro de unos espacios, que nos obligan a prestar más o menos atención según el brillo, el contraste con sus zonas vecinas, según la forma que nos obliga a dirigir la mirada hacia un punto u otro.

Aunque veamos un paisaje, un retrato, en realidad estamos viendo manchas, colores, contrastes, espacios, y todo eso nos lleva a mirar en una dirección, a leer la obra, a escucharla. 

El artista en su fotografía, dibujo o pintura, no siempre planifica todo al instante de crearla, simplemente le gusta lo que hace, sabe elegir y jugar con los espacios, tiene la sensibilidad de entender qué gustará o no gustará, y provoca sensaciones en el espectador por eso. Sabe distribuir, contrapesar, jugar con todos los elementos, sean abstractos o figurativos.

Tampoco un cocinero domina siempre todos los ingredientes de un plato antes de servirlo, pero su experiencia ya le enseña el camino, le muestra casi sin querer qué gustará más o menos al comensal. Y el cocinero se deja llevar por esa sensibilidad y experiencia suya para montar el plato.

La poesía sería lo más cercano a la música sin ser música. Luego vendría la pintura. 

En poesía todo tiene un ritmo, incluso puede ser surrealista pero debe contener unas notas rítmicas, unos espacios, unos vacíos, una intensidad que crece y decrece. Ya no es necesario que rime, pero en cambio siempre es necesario que tenga ritmo, que contenga música, sonoridad.

En la pintura sucede algo similar. Para que nos guste tiene que "sonar" a pintura, debe ser capaz de obligarnos a leerla de una manera determinada (o aleatoria) pero a leerla "a trozos" de tiempo y ritmo para comprender su conjunto. Unas formas, unos colores…, sin el resto de formas y colores no dicen nada. Es el conjunto de las notas, de los colores y brochazos los que conforman la obra.


Nota.: La imagen es del interior de una iglesia de Croacia y forma parte de un viacrucis interior.

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