8.5.26

Esculturas religiosas de España hace 2.500 años


Lo que vemos arriba son unos exvotos masculinos y femeninos de hace entre 2.000 y 2.500 años, en bronce, de la cultura ibérica de entonces, encontrados en Jaén.

Eran figuras pequeñas de muy variada forma, y con distintas actitudes, y que todos servían para lo mismo. Para entregarlos a sus dioses como peticiones de algo.

Es decir, seguimos más o menos igual, adorando o utilizando imágenes que representan ideas religiosas, de vida y muerte, del más allá según sus apreciaciones, y que no difieren tanto de las actuales. Modelos de comunicación con nuestros Dioses.

Mujeres envueltas en mantos, oferentes que muestran las manos abiertas, soldados con armas, grupos de exvotos reunidos con las manos abiertas y extendidas hacia abajo, animales, partes del cuerpo humano, etc.

Un exvoto es en realidad una ofrenda votiva que se hacía "en cumplimiento de un voto" y en el que una persona depositaba ante una divinidad para pedirle algo o como promesa cumplida de ofrenda si la petición es concedida, y también después de haberlo recibido como agradecimiento.

Esta lógica de intercambio entre el devoto y la divinidad es universal y antiquísima, y en la Hispania prerromana los iberos la desarrollaron con una particularidad visual extraordinaria.


Los exvotos ibéricos más característicos son figurillas de bronce fundido, aunque también los hay de plomo, terracota y piedra. Las de bronce son las más abundantes y las mejor conservadas.

Los exvotos eran principalmente ofrendas individuales o familiares, no objetos domésticos permanentes que se tenían en el hogar. Se fabricaban o se compraban, se llevaban al santuario, se depositaban y se quedadan allí. No era una figura que uno tenía en casa como objeto de culto cotidiano, sino una ofrenda que se entregaba a la divinidad de forma definitiva.

Pero no sabemos con precisión a qué divinidades iban dedicados la mayoría de los exvotos ibéricos, porque la religión ibérica está muy poco documentada. Conocemos algunos nombres de divinidades por inscripciones, pero el modelo de religiosidad ibérico sigue siendo en gran medida opaco.

No sabemos si había rituales específicos de entrega y colocación, oraciones, gestos o fórmulas que acompañaran la entrega del exvoto. La arqueología recupera el objeto pero no el acto que lo llevó hasta ese lugar.

Y no sabemos con certeza si todos los santuarios tenían la misma función o si había especializaciones más complejas que las que podemos inferir por el tipo de exvotos encontrados.

Lo que sí sabemos es que nos dejan un testimonio directísimo y emocionante de lo que preocupaba a los iberos: la salud, la guerra, la fertilidad, los animales, la supervivencia. Las mismas cosas que han preocupado a los humanos en todas las culturas y en todos los tiempos.

No existe un modelo único de santuario ibérico. Esta es probablemente la conclusión más importante de la investigación arqueológica reciente. Los iberos no tenían una arquitectura religiosa estandarizada comparable a los templos griegos o romanos. La forma del espacio sagrado dependía del territorio, la comunidad, la divinidad venerada y el período histórico.

Posiblemente serían entregados en cuevas naturales, especialmente asociadas a manantiales o fuentes subterráneas. El agua que emerge de la tierra tenía una carga sagrada evidente — era la frontera entre el mundo subterráneo y el de los vivos. O en abrigos rocosos y formaciones geológicas singulares, o en grietas y fisuras en el terreno, asociadas a prácticas oraculares o de contacto con el inframundo.

Pero a su vez sabemos que también hacía edificios, espacios en el campo bien delimitados, en donde durante siglos se hicieron prácticas y rituales religiosos y de entrega de elementos diversos.

Un dato que la arqueología ha confirmado sin duda, es que en muchos santuarios ibéricos se realizaban banquetes rituales comunitarios, es decir, romerías. Los restos de cerámicas para beber y comer, huesos de animales sacrificados, y en algunos casos espacios diferenciados para el banquete dentro del recinto sagrado, indican que la comida colectiva era parte integrante del ritual.

Esto tiene implicaciones para entender cómo eran los santuarios: no eran simplemente lugares donde se depositaban objetos ante una imagen, sino espacios donde la comunidad se reunía, comía y bebía en honor a la divinidad. Eso requería espacio para personas, fuego, recipientes, y probablemente algún tipo de techado o protección.

Y a su vez, requería unas fechas bien señaladas para que todos acudieran al lugar por algún motivo, en ciertos momentos de la vida en comunidad.Y es posible que en esos lugares hubiera algún tipo de santuario en donde hubiera imágenes más grandes para ser adoradas, como la que vemos en terracota. Por ejemplo la Dama de Elche, la Dama de Baza, o similares.