31.1.26

No es humor, es dolor nevado


El punto de vista que nos ofrece semana tras semana la revista The New Yorker en sus portadas es fabuloso, una radiografía de nuestra sociedad actual, desde un punto de vista que a veces es ácido, pero siempre es real. 

No nos gusta, es verdad, asumir que somos así, pero es por nuestras decisiones que nos vamos convirtiendo en esto.

La viñeta de la portada de The New Yorker de esta semana, con un New York muy nevado, vacío de viandantes, pero lleno de personas que hacen el reparto a domicilio con sus motos, es ejemplar, para entender dónde estamos.

De verdad, esto es esclavismo, pero lo hemos disfrazado con el adjetivo de siglo XXI para disimular, siempre hay personas más necesitadas que uno mismo, que haga lo que nosotros no queremos hacer. Les pagamos cuatro migajas y esperamos a que lleguen desde nuestra calefacción. 

30.1.26

La imagen cuenta una historia


Una de las funciones nuevas de la fotografía o de la imagen digital, es hablar más y mejor que antes de la llegada de la IA. Se pueden modificar imágenes, hacer montajes, de forma mucho más sencilla, lo que facilita que se hagan más.

Ante de la llegada de la IA ya se podían hacer.

Recuerdo que una de mis conferencias a los alumnos de FP la preparé un par de años (años 2000) con un rebaño de ovejas blancas en primer plano, mirándonos a todos, en donde una de ellas yo la había retocada hasta convertirla en una oveja negra. 

No existía IA ni se podía sospechar que en algún momento iba a ser tan sencillo hacerlo. Quedaba natural, pero llevaba horas de retoque, con herramientas sin capas, pues no existían.

Donald Trump montado en un oso blanco se puede interpretar de muchas maneras. Desnudo del torso resulta más curiosa su interpretación. Y si es en una revista de economía, tiene un sentido más detallado.

El más sorprendido en este montaje es el oso. No sabe bien qué hace en la vida, sirviendo de montura al dueño del mundo mundial. 

29.1.26

Mariano Salvador Maella y San Jerónimo


Esta obra es del pintor valenciano Mariano Salvador Maella, realizada sobre el año 1805 al óleo sobre lienzo, en un tamaño pequeño, de unos 28 centímetros de altura. Está representado un San Jerónimo.

San Jerónimo (c. 347-420), es tradicionalmente representado con un león como compañero, símbolo de lealtad y compasión. 

La leyenda cuenta que el santo curó al animal herido en el desierto, quitándole una espina de la pata, tras lo cual el león se convirtió en su fiel protector. El león apareció en el monasterio donde Jerónimo estaba con otros monjes y a pesar del miedo de los demás, Jerónimo curó al león, quien se quedó a vivir con él hasta la muerte del santo.

Este león representa la mansedumbre y la compañía en su vida eremítica, y en el arte, se le suele mostrar trabajando en su estudio con el león al lado, o en el desierto con el felino como compañero de penitencia.

27.1.26

La fotografía y el vídeo, a favor de la verdad y de la Paz


La capacidad de que una fotografía nos haga removerlas ideas es clara. La fotografía es el método más fácil de explicarnos algo complejo.

Esta imagen es de la portada de la revista The New York Magazine de finales de enero de 2026. Nos habla de los problemas de poder vivir en Minnesota (EEUU) tras la entrada de los policía del ICE buscando con suma violencia por las casas a inmigrantes, aunque lleven muchos años trabajando y pagando sus impuestos en los EEUU. 

Se atrincheran en sus casas, van por la calle con pitos para avisar a los vecinos de la presencia policial, se sabe ya que los propios militares van de paisano para quedar camuflados en los barrios, y los vecinos tienen que salir a la calle breves minutos para comprar, con ropa casi de camuflaje y con máscaras para no ser atacados por spray que los atontan para ser detenidos.

Sí, son los EEUU, es el siglo XXII, era un país democrático que se está convirtiendo en un polvorón. 

Y la fotografía vuelve a estar para mostrarnos como matan a enfermeros inocentes, a maestras o a quien osa plantar cara a unos violentos militares que van contra la población civil. 

La fotografía y el vídeo sirve para entender todo mejor. Pero sobre todo para intentar que nos mientan lo menos posible.

Europa, India y una fotografía


El poder de la fotografía en unos tiempos en los que no nos queremos dedicar a leer, es tremendo. Un titular de dos líneas a los sumo y una imagen hacen el resto, el todo, crean la sensación, la información, la tensión.

Esta imagen muestra a los dos líderes más importantes de la Unión Europea, el presidente del Consejo Europea, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, junto a
l primer ministro de la India, Narendra Modi, este enero de 2026 en Nueva Delhi.

Han firmado un Acuerdo Económico que de alguna manera cambian las reglas comerciales de Europa con Asia y sobre todo con los EEUU. Sabemos defendernos desde Europa.

La fotografía no está hecha para que la veas tú, que también, sino para que la vean en los EEUU. Y por eso se ha teatralizado. 

La alegría, superior a la forma de entender un acuerdo cualquiera, es clara, no deja duda. 

Los brazos al aire como si fueran amigos de toda la vida. Los trajes que llevan tanto ella como el primer ministro de India, indican mucho más que un texto, y se entiende de manera mucho más sencillo.

Yo hablo aquí, en el blog, de fotografía, pero también debería hablar de Teatro, que es otra Arte Escénica muy importante. 

Eso sí, nadie le supo decir a Antonio Costa, que hay que vigilar los botones de la chaqueta, pues a veces se vuelven en nuestra contra.

26.1.26

El valor de la fotografía manipulada


Volvamos a revisar la importancia que tiene la imagen en los nuevos juegos políticos de manipulación y engaños. Creamos bulos hasta no saber bien qué es verdad, pues ese es el juego real, que poco a poco pongamos todos en duda lo que se nos muestre, venga desde donde venga.

Incluso el político elegido democráticamente y que se cree el amo del mundo, decide a veces que manipular imágenes puede funcionar para seguir engañando, y con eso está haciendo un gran favor al mundo de la fotografía y a los fotógrafos.

Pone en valor al mundo del Arte y de la Imagen, como una profesión importante que puede mover conciencias. Incluso verdades. En la misma medida en que mueve mentiras.

Hoy, con IA y desde siempre con sentido común y responsabilidad, hemos sabido los fotógrafos que nuestro trabajo era importante para contar con imágenes, la vida positiva y la vida negativa que nos rodeaba y veíamos.

Siempre hemos sido testigos, y sobre todo testigos responsables, aunque no siempre se nos haya reconocido. Y sobre todo pagado de forma correcta, en según qué trabajos fotográficos, por ser notarios de la verdad.

Ahora ya sabemos mejor que nunca, que en algunos países a los fotógrafos nos quieren manipular a base de censurarnos, para poder crear sus mentiras con imágenes modificadas, manipuladas, falsas o inventadas, pues admiten que llegan mejor con una fotografía que con solo texto, en un mundo del instante, de las miradas, de entregar todo ya masticado y casi digerido.

Los fotógrafos debemos estar contentos, siempre lo hemos sabido, pero ahora que nos manipulan, ya no debemos tener duda. Somos tan importantes que nos intentan manipular.

Podemos molestar, pero si somos profesionales, podemos seguir mostrando el mundo como sucede, como camina, y sin engaños.

Y si queremos engañar, también estamos en nuestro derecho, pero hay que ADVERTIRLO.

25.1.26

La fotografía es el idioma del presente


El poder de la imagen en este siglo XXI es tremendo, sin ella muchas cosas las daríamos por hechas sin darles creencia real, y la imagen de cualquier personas que esté en el lugar, aclara lo sucedido y sirve para darle credibilidad.

Sabemos que un manifestante en Mineápolis ha sido asesinado por la policía de EEUU al revisar las imágenes grabadas por testigos de la escena, y sabemos que en contra de lo que dice la policía, el joven enfermero nunca intentó sacar un arma para defenderse, pues en el vídeo que se grabó se observa que no intenta hacer ademán de ello.

La imagen de arriba con un Nicolás Maduro y su esposa detenidos, habla mucho de lo acontecido. Y lo utilizan muy bien los americanos. Es la DEA la que lleva esposado al Presidente de Venezuela y eso no es casualidad, y quieren que se vea claramente. Es una detención por drogas.

Todos utilizamos las imágenes para hablar con ellas sin utilizar vocabulario. Y es entendible en todos los idiomas. Podríamos decir que la fotografía es el idioma del presente, pues todos las entienden, incluso se comprende en el subconsciente, lo que no se quiere decir, sino solo hacerlo notar.

La Puerta Abierta, de Talbot. La Fotografía y la Calotipia


William Henry Fox Talbot
, fotógrafo y político inglés, realizó en abril de 1844 una serie de obras de la que vemos una que trasciende su aparente modestia: una puerta abierta en una casa rural. 

Esta imagen no es solo un documento de una escena cotidiana, sino una demostración práctica de una revolución tecnológica: el proceso calotípico, el primer sistema fotográfico que permitía obtener múltiples copias de una misma toma. Con esta invención, Talbot consolidó el sistema negativo–positivo que sigue siendo el fundamento de la fotografía moderna.

El Problema Que Resolvió Talbot

Hasta 1844, la fotografía enfrentaba un dilema insuperable: los procesos existentes (como el daguerrotipo) producían una imagen única e irrepetible. No era posible hacer copias. Talbot comprendió que lo que se necesitaba era un método de dos pasos: primero, capturar una imagen "negativa" (donde los tonos están invertidos); luego, usar ese negativo para generar múltiples "positivos" (imágenes con los tonos correctos).

La calotipia fue la respuesta. Y "La Puerta Abierta" que vemos arriba es una de sus pruebas del concepto.

Cómo Funcionaba el Proceso Calotípico

El proceso consta de dos fases bien diferenciadas:

Fase 1: Creación del Negativo en Papel

Talbot preparaba un papel especial mediante una química precisa:

Sensibilización inicial: Empapaba el papel con una solución de cloruro de sodio o de amonio.

Creación de la emulsión: Aplicaba después nitrato de plata, que reaccionaba con el cloruro para formar cloruro de plata, un compuesto fotosensible.

Exposición en cámara oscura: Colocaba este papel sensibilizado en el fondo de una cámara oscura (una caja estanca). La luz que atravesaba la lente óptica exponía el papel, creando una imagen latente (invisible aún).

Revelado: Sacaba el papel al cuarto oscuro y lo sumergía en un baño revelador compuesto de ácido gálico, ácido acético y nitrato de plata. Esta mezcla hacía aparecer la imagen: los lugares más expuestos (las zonas claras de la escena) se oscurecían primero.

Fijación: Una vez revelada, el papel se trataba con tiosulfato de sodio (hiposulfito) para eliminar la plata no revelada y estabilizar la imagen, evitando que siguiera oscureciéndose con la luz.

El resultado: un negativo en papel, donde los tonos están invertidos (lo blanco es negro, lo negro es blanco).

Paso crucial: Para mejorar la transparencia del negativo y permitir que la luz lo atravesara más fácilmente, Talbot sumergía el papel negativo en cera derretida. Esto lo hacía semi‑translúcido, permitiendo que funcionara como un auténtico negativo fotográfico.

Fase 2: Creación de Positivos a Partir del Negativo

Aquí residía la verdadera innovación. El negativo podía usarse una y otra vez para crear copias positivas:

Preparación del papel positivo ("papel a la sal"): Talbot preparaba un papel diferente para las copias. Lo "salaba" empapándolo en cloruro de sodio, y luego lo sensibilizaba con nitrato de plata, formando cloruro de plata en sus fibras.

Contacto: Colocaba el negativo en papel (encerado) directamente sobre el papel a la sal sensibilizado, formando un sándwich. Los mantenía unidos en un marco de copiado.

Insolación: Exponía este conjunto a la luz del sol (o, posteriormente, a fuentes de luz artificial potentes). La luz atravesaba las zonas transparentes del negativo, ennegreciendo el papel a la sal debajo; donde el negativo era opaco, el papel a la sal permanecía claro. El tiempo de exposición—generalmente varios minutos—determinaba el contraste final.

Control visual: A diferencia de los procesos químicos posteriores, el fotógrafo podía ver cómo progresaba la imagen en tiempo real y retirarlo del sol cuando alcanzaba el contraste deseado. Era un proceso visual e intuitivo.

Fijación final: Una vez retirado del sol, el positivo se fijaba con tiosulfato de sodio, se lavaba abundantemente con agua y se dejaba secar.

El resultado: múltiples copias positivas, todas del mismo tamaño que el negativo, todas reproducibles indefinidamente a partir del mismo negativo.
Por Qué "La Puerta Abierta" Cambió la Fotografía

Esta modesta imagen de 1844 ilustra perfectamente cómo la fotografía dejaba de ser un arte de ejemplar único, para convertirse en un arte de reproducción. A diferencia del daguerrotipo, que era una preciosa joya única, la calotipia permitía que un fotógrafo capturara una escena y luego compartirla con amigos, coleccionistas, museos. Podía hacer ediciones limitadas de sus obras.

Además, el papel (frente al metal del daguerrotipo) permitía capturar texturas y tonalidades sutiles. La "Puerta Abierta" testimonia esto: se aprecia el grano del papel, la luz tamizada, la delicada gradación tonal.

De la Calotipia a la Fotografía Moderna

El sistema negativo–positivo de Talbot se convirtió en el paradigma fundamental de la fotografía analógica. Aunque la química evolucionó (del papel al vidrio, del yodo al bromuro, de las sales de plata a la gelatina), el principio permanece: capturar un negativo para generar positivos.

Incluso hoy, en la era digital, seguimos hablando de "revelado" y de "negativos" (como archivos digitales que se "revelan" en impresiones o pantallas). Talbot desarrolló esa idea en el año 1844.

24.1.26

Mujeres de El Cairo del año 1870


Esta imagen es del año 1870, una fotografía en papel a la albúmina de un fotógrafo y escritor francés llamado Félix Bonfils.

Como sucede en infinidad de obras de fotografía antigua o histórica, sin ella nos resultaría imposible conocer los detalles de aquellos años, de las sociedades de aquellas culturas hoy ya desaparecidas.

Quedaron reflejadas como unas mujeres de El Cairo, unas personas vestidas con trajes populares de su época. 

Es una fotografía de estudio, realizada por el fotógrafo en sus numerosos viajes por países de Oriente, consu familia.

El detalle de las vestimentas, de la previsiblemente nieta observando a su abuela fumando, es de un encanto sublime.

Félix Bonfils se dedicaba a fotografiar a la sociedad de aquellos países y luego vendía estas copias a los turistas, como recuerdos de sus viajes. Era una manera de obtener ingresos con su arte fotográfico.

Hace 2.000 años ya se necesitaba la fotografía


Hace miles de años, los poderosos del mundo de aquellos siglos ya demostraban que necesitaban inventar la fotografía, para poder trascender, para que sus rostros se les recordaran durante siglos. Bueno, no sabían contar siglos, pero se los imaginaban.

Hoy ya hemos admitido como real las imágenes de aquellos importantes personajes, y en las representaciones actuales de teatro o cine, nos basamos de aquellos dibujos, grabados o esculturas, que no difieren mucho entre ellos. Debieron ser bastantes similares a la realidad.

Son representaciones, como en este caso, una hermosa Cleopatra, con 2.000 años de antigüedad, y que pensamos que son "fotografías" muy aproximadas a la realidad.

Por cierto, esta Cleopatra, nacida en el año 69 a.C. tenía sus orígenes en Macedonia, era por tanto de ascendencia griega y alcanzó el trono a los 18 años junto con su hermano Ptolomeo XIII de 12 años, con quien se casaría según se ordenaba en el testamento del padre de ambos.

Este tipo de matrimonios era corriente en la época. También llegaría a casarse con su otro hermano menor Ptolomeo XIV.

Hoy todos tenemos la opción de retratar "todo" y eso es tan brutal, que casi nos da miedo si pensamos que cada día se hacen 5.300 millones de imágenes, unas 60.000 fotografías por segundo. Imaginarnos esto es brutal, así que antes de publicar la tuya y la mía, piensa si sirve para añadir algo al mundo, pues lo cierto es, que ya todo está fotografiado.

Fresco con Jesucristo de hace 1.700 años


A finales de 2025 se descubrió o se dio a la luz desde Turquía el descubrimiento o la interpretación de un fresco del cristianismo primitivo, en donde dentro de una tumba del siglo III se ha conservado muy aceptablemente un fresco que muestra a un Jesús joven, en una escena que significa la explicación del "Buen Pastor".

Como sucede en estos tiempos, 1.700 años después, el Buen Pastor es el guía de la humanidad, de la sociedad, representada en la imaginación colectiva a un Jesucristo joven, sin barba, mostrando la figura como un pastor de cabras y ovejas, como el guía espiritual de la sociedad.

La tumba, localizada en la necrópolis de Hisardere, a las afueras de la ciudadela antigua de İznik (antigua Nicea), se remonta al siglo III, cuando el cristianismo seguía perseguido por los romanos. Un cementerio en donde se enterró a familias con poder económicos pero a su vez en tumbas más sencillas a personas sin recursos de la propia ciudad.

Se encuentra el fresco decorando la zona central y en una cámara subterránea, lo que le ha permitido conservarse casi en su integridad, con las cuatro paredes en pie y a Jesucristo presidiendo esa pared principal.

Hay que entender que en aquellos primeros tiempos del cristianismo el símbolo no era todavía la Cruz, sino la figura de Cristo cuidando ganado, ovejas o cabras, como un profeta con sus rebaños.

Hay en las paredes más personajes, posiblemente los propietarios de esta iconografía, rodeados con su familia, y escenas vegetales de la zona en donde se ha encontrado.

La ciudad de Nicea es donde en el año 325 se celebró el primer Concilio Ecuménico de la Iglesia, convocado por el emperador Constantino. En ese concilio se redactó el Credo Niceno, que aún hoy se recita en iglesias de todo el mundo.

Que una de las primeras imágenes figurativas de Jesús aparezca precisamente en esta ciudad no hace más que reforzar su papel clave en el desarrollo del cristianismo.

La principal pregunta que nos debemos hacer es: ¿Cómo y cuando, incluso desde dónde, se empezó a representar la figura de Jesucristo como un pastor de cabras, para explicar su trabajo como guía espiritual de una nueva tendencia ideológica en un mundo de hace 2.000 años?



23.1.26

La basura podría ser menos mala de lo que creemos


Nunca es bueno escuchar o leer un exceso de noticias. Lo aviso y nos lo avisan. Pero no siempre hacemos caso.

Ahora me está dando la impresión, mezclada incluso con el Ate, de que todo es una mierda. Pero además, manipulada, revuelta para que se expandan sus olores y hechos nauseabundos.

Sé que no hay un único culpable, somos en muy diferente grado, un poco todos nosotros.

Desde el Arte es complicado no mirar, mucho permanecer callados, y complejo posicionarnos con libertad. 

No soy ofendidito, tampoco soy una medianía neutral, pero a veces cuando escucho incluso a los que considero fuego amigo, me entran ganas de esconderme.

De momento voy buscando verdades aunque sea feas, horrorosas incluso. Pero sé que son menos feas que la basura de la actualidad, llena de violencias, trampas y engaños.

La basura también podría dignificar lo que fabricamos para engañar, pues al final mucha de la basura es inofensiva e inocente.

El cerebro elige en el Arte, qué vemos mejor


Tres colores, tres materiales, cuatro espacios, una manera de asomarse desde y hacia.

Nada más.

No tiene nada más.

Es un simple golpe de vista.

Azul, amarillo y gris.

Madera, piedra y cielo.

Hay más piedra en el encuadre, pero casi se ve más el cielo cuando en realidad ocupa menos espacios.

Una duda visual. 

Efectos visuales.

¿Es el color el responsable de esto? ¿Es por estar en el fondo, por no tener detalles y ser un color liso?

¿Por qué el cerebro, ya da por hecho que es infinito el cielo?

Nuestro cerebro ve e interpreta según varios mecanismos que no siempre controlamos del todo. Y el Arte debe estar atado a esas opciones, conocerlas y dosificarlas o utilizarlas.

Sabemos de antes de ponernos a observar esta escena, que el cielo es infinito, cierto, pero no sabemos el tamaño de la piedra o de la madera. Aunque nos lo imaginamos pequeño.

Vemos lo que sabemos que es normal ver, incluso si preguntáramos, muchos dirían que a la derecha, tras un poco más de piedra, volvería a aparecer otra pieza de madera. 

La estética que esperamos es esa precisamente. 

Y como la esperamos, nos la imaginamos, aunque no la veamos.

Y siempre sospecharíamos que el cielo continuaría, que no quedaría cortado por otra piedra que encerraría como en una ventana al color azul.

Ajovín


22.1.26

¿Cómo explicamos la abstracción a una persona ajena al Arte?


La abstracción es, en el fondo, una forma de mirar el mundo sin necesidad de nombrarlo todo. Una manera de hablar o escribir desde otro abecedario o lenguaje, otro idioma, otra grafía que a veces nos resulta inextensible.

Cuando vemos un paisaje, una persona o una ciudad, nuestro cerebro no solo reconoce formas y objetos; también registra sensaciones, ritmos, tensiones, emociones, recuerdos. No vemos solo “un árbol” o “una calle”: vemos un peso de luces y sombras, un equilibrio (o desequilibrio) de volúmenes, una atmósfera que nos calma o nos inquieta.

La pintura figurativa intenta parecerse a lo que vemos. Un rostro, una montaña, un vaso sobre una mesa. Su juego está en el “yo reconozco esto”. Aquí hay una casa, allí un perro, más allá una mujer. 

Nos propone un mundo que podríamos señalar con el dedo y nombrar. Todo lo conocemos, es sencillo reconocerlo.

La pintura abstracta, en cambio, intenta parecerse a lo que sentimos o entendemos al ver ese mundo, no al aspecto exterior de las cosas. 

No copia las formas visibles, sino que intenta condensar su ritmo, su energía, su clima emocional. Lo que antes era “árbol al atardecer” se convierte en una franja roja que pesa, un negro que se desploma, un azul que respira.

Podría ser lo mismo, aunque vemos otra cosa, observamos una interpretación que nos hace el artista. Y puede que no le haya salido bien o que no lo entendamos.

La abstracción pictórica funciona un poco como la música. La pintura utiliza color, forma, ritmo, superficie, materia y vacío dentro de un espacio, igual que la música usa sonidos, silencios, intensidades y repeticiones. 

Una sinfonía no nos cuenta una anécdota concreta, pero nos habla de tristeza, de euforia, de espera, de conflicto. 

Un cuadro abstracto hace lo mismo con manchas, líneas y planos. No narra una historia con palabras, la sugiere sin entrar en los detalles reales.

Por eso no es “suciedad sobre un lienzo”, como la música no es “ruido organizado”. 

Si aceptamos que una sucesión de sonidos puede conmovernos sin que “signifique” nada en el sentido literal, también podemos aceptar que una organización de colores y formas pueda hacerlo sin representar sillas, manos o paisajes.

Durante siglos, la pintura tuvo un encargo muy claro. Tenía que representar la realidad. O tenía que inventársela pero transmitirla desde unas realidades claras.

Retratos de reyes, batallas, escenas religiosas, bodegones… La pintura era, entre otras cosas, el espejo oficial del mundo visible. Si nos quería mostrar una escena fantasiosa lo hacía con personas, con objetos muy reconocibles.

Cuando apareció la fotografía —más rápida, más barata, más precisa para copiar lo que tenemos delante—, esa obligación empezó a resquebrajarse. La cámara podía encargarse de “parecerse a la realidad” mejor que cualquier mano pictórica.

Y entonces muchos pintores se hicieron una pregunta radical:

—“Si ya no tengo que copiar el mundo, ¿qué puedo hacer con la pintura?”

Una de las respuestas fue usar y caminar hacia la abstracción. Usar el cuadro no como ventana al exterior, sino como campo de operaciones de la mirada y del pensamiento.

Por eso, frente a una obra abstracta, la pregunta más fácil es:

—“¿Y esto, qué es?”

Porque casi siempre la respuesta literal será decepcionante: 

—“Son franjas de color”, “son manchas”, “son formas”. 

Pero la obra llena de dudas no se agota en ese “qué”.

La pregunta más útil es otra:

—“¿Y esto que veo, qué me hace sentir, qué me hace pensar? 
¿Me transmite calma o violencia? ¿Hay algo que grita o, al contrario, una especie de susurro? ¿Me pesa o me aligera? ¿Me resulta frío, cálido, cerrado, abierto? ¿Me recuerda vagamente a algo, aunque no sepa decir a qué?

No todas las obras abstractas “gustan”, igual que no todas las músicas gustan. 

Eso no invalida el lenguaje; simplemente indica que, como cualquier idioma, no siempre conectamos a la primera con quien lo habla. 

Puede que el artista no haya logrado articular bien lo que quería decir con su obra, o puede que nosotros, en ese momento, no tengamos la disposición, la experiencia o la paciencia para entrar en ese diálogo. 

A veces una obra no nos dice nada hoy y, sin embargo, años después nos habla con claridad.

Una forma útil de resumirlo podría ser: La abstracción no te pide que “entiendas” algo; te pide que lo mires sin traducirlo —enseguida— en objetos.

Primero sentir, luego, si quieres, buscar palabras y respuestas, explicaciones o traducciones.

La imagen que vemos arriba no es una pintura, pero podría parecerlo. No son simplemente trozos de papel rasgados pegados en un muro, aunque eso sea lo que “son” en sentido literal. 

Es una fotografía, sí, pero también es un encuadre. Alguien ha decidido —en este caso yo— qué dejar dentro y qué dejar fuera, cuánto espacio darle al vacío, cómo se relacionan las formas, qué peso tienen los blancos, los verdes, las manchas difusas. 

Es una distribución de elementos sobre un soporte —en este caso, tu misma pantalla— que podemos mirar como miraríamos un lienzo.

Eso también es abstracción. Tomar un fragmento del mundo, aislarlo de su contexto práctico y verlo como un juego serio de formas, ritmos y tensiones. 

A veces el primer paso no es entender, sino dejarse llevar, afectar, sentir. Solo después viene la necesidad —tan humana— de ponerle nombre.

21.1.26

Tenemos un Amo del Mundo, que nosotros no hemos elegido


Estoy seguro de que os da la sensación de que hemos cambiado de Amo en el Mundo, sin que nadie nos preguntara nada a la inmensidad de los ciudadanos del mundo.

Cierto, confundo Mundo con el mundo occidental europeo y americano. Somos los perjudicados por no haber podido votar al nuevo amo.

Por otra parte, tenemos la sensación de que a los que considerábamos Gestores de nuestros países, no son capaces de hacer nada al respecto, no sé si por miedo o por dudar, o por no tener capacidad.

Somos todos, testigos de nuestros aconteceres, y los vemos y los retratamos como mejor sabemos. A veces incluso jugamos con ellos, creando nuevos puntos de vista. 

Este es una viñeta sin humor pero lleno de ironía y dolor. Como se puede comprobar, a lo lejos y mostrando un brazo se pueden ver todos los segundones que acompañan al Amo en su carrera a caballo.


Este blog cambia de enfoque, pero sin romperse


Este blog cambia de ritmo y de enfoque. Sigo siendo el mismo, sigue siendo un espacio abierto y personal, pero abre un nuevo enfoque, como quien abre un nuevo capítulo.

Sin abandonar el interés por el Arte en sentido amplio, a partir de ahora cada entrada partirá de una imagen propia, trabajada como punto de arranque y no como simple ilustración. 

Y la fotografía pasa a ocupar el centro, sin abandonar totalmente las obras de Arte pictóricas. 

Como mirada, como herramienta y como excusa para pensar yo. Y si es posible y no lo hago mal, para hacer pensar a los lectores.

Los textos que acompañen a esas imágenes no pretenden explicar la fotografía, ni tampoco cerrarla, sino abrir un contexto, señalar una fricción, dejar constancia de una duda o de una observación personal. 

Menos generalidades de Arte estático, de Arte expuesto en Museos, y más posición fotográfica, como notaria de unos tiempos. 

Menos discurso ajeno de otros artistas históricos y más experiencia directa de un simple observador fotógrafo que vive en un tiempo, en una sociedad.

No es un cambio brusco ni una ruptura con lo anterior, sino un desplazamiento natural, desde arte entendido como territorio muy amplio…, al arte fotográfico como espacio propio, desde el que mirar el presente con más calma y más implicación.

Cada entrada será autónoma.
Imagen primero.
Texto después.
Y sin conclusiones obligatorias.

Podrás encontrar las Entradas en la Etiqueta: 
Apuntes de un Testigo

La fotografía como notario de las realidades del momento



La fotografía se ha convertido en el testigo principal de nuestro tiempo, todos llevamos una cámara en el bolsillo y eso nos convierte sin quererlo, en notarios visuales que certificamos que algo ha ocurrido, cómo ha ocurrido y a quién afecta. 

Pero ese “notario”, ya no es neutro ni incuestionable, y ahí está el matiz que la sociedad necesita entender. Somos los que publicamos imágenes, los responsables de como poco, no manipular el momento.

En periodismo, la fotografía dentro de las explicaciones, actúa como una testigo presencial, muestra lo que el texto cuenta y aporta una prueba sensible de que el hecho existió.​ 

Luego ya, la interpretación final depende de cada lector, sobre todo si mezclamos la fotografía documental o periodística, con la artística o con la fotografía con toque personal.

En guerras, desastres o protestas, la imagen no solo ilustra, se convierte en evidencia. Proyectos sobre atrocidades o crímenes de guerra usan secuencias de fotos como si fueran un dossier judicial mostrando la verdad a partir de muchas miradas y momentos.

Por eso se habla de la fotografía como “testigo mudo” pues no habla, pero lo visto en ella difícilmente puede negarse sin más, como ocurrió con las imágenes de los campos de concentración nazis o de la violencia en los Balcanes y recientemente en Gaza.

La clave aquí para la sociedad es que ya no basta con creer los relatos; necesitamos verlos tras ser mostrados por alguien con credibilidad. 

La foto convierte lo que podría ser “opinión” en algo que se parece mucho a una prueba.

Los fotógrafos de prensa ya no son solo “cazadores de imágenes espectaculares”. Se los entiende como parte de una red de testigos de confianza que documentan, interpretan y contextualizan lo que ocurre.​ Asumen roles diversos. Registrador, observador, narrador, testigo, abogado, intérprete en el que confías; todos obligados a lidiar con la tensión entre objetividad del momento y responsabilidad moral.

Hoy la fotografía periodística es una pieza central del discurso cívico, pues ayuda a que la ciudadanía pueda ver y entender lo que el poder preferiría mantener invisible (desde la corrupción, violencia policial, guerras de todo tipo, problemas sociales, etc.).

Lo que hay que explicar es que no se trata solo de estética artística, sino de responsabilidad democrática del fotógrafo, que a veces podemos ser nosotros mismos. 

Sin imágenes creíbles, el control ciudadano sobre el poder debilita el papel del fotógrafo en general.

Las fotografías influyen de manera muy potente en la percepción de personajes públicos y temas políticos, mucho más que el texto aislado. Por eso los encuadres, gestos y contextos visuales pueden reforzar o cuestionar narrativas enteras.​ 

En un entorno saturado de información, la imagen funciona como atajo cognitivo, lo que se ve se incorpora más rápido y se olvida más despacio que lo leído.

La era digital ha traído retoque fácil, imágenes generadas por IA y “fake photos”. Esto podría llevar a pensar que “ya no se puede creer en nada”. Hay que exigir que en la fotografía periodística, NUNCA se manipule lo que se muestra, aunque en realidad el encuadre elegido ya puede ser una toma de decisiones, como lo es el ambiente, el color, etc. Y si algo se manipula, hay que señalarlo en la propia imagen.

Los estudios muestran que, por defecto, la gente sigue dando credibilidad a las imágenes, y solo cambia de opinión cuando se le señala de forma clara que están manipuladas.​ Por eso la importancia de no engañar nunca, haciendo pasar por imágenes reales, las que han sido manipuladas, excepto cuando hablamos de fotografías artísticas.

El hecho de que una fotografía pueda manipularse no le quita valor como prueba; obliga a reforzar las prácticas de verificación. Es como los testigos en un juicio, que pueden mentir, pero no por eso dejamos de usar testigos; mejoramos los métodos para contrastar sus declaraciones.

El fotógrafo es un testigo con deberes ético. No solo “saca fotos”: decide qué mostrar, desde dónde, en qué momento. Tiene una responsabilidad ética porque sus imágenes pueden legitimar o denunciar, humanizar o deshumanizar.

En tiempos de deepfakes y manipulación, el ciudadano necesita alfabetización visual, saber preguntar “¿quién ha tomado esta foto?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿puede estar manipulada?” y valorar mejor las que vienen de fuentes verificadas.


Dentro hay dos personas, y no son invisibles


Esta imagen mía es de enero de 2026, a las casi 12 de la mañana de un martes en la Gran Vía de Madrid. Es la soledad, la injusticia, el abandono, la muestra de que estamos dentro de una sociedad ya rota y con serios problemas. No hablo solo de Madrid o de España. Que también.

Al hacer esta fotografía junto a otra más, una señora se me quedó mirando con cara de pocos amigos, me salvo del improperio mi edad. Yo la entiendo, puede pensar que las hice sin conocerme, para criticar. Y no. O sí.

No existe morbo, sino injusticia. Una injusticia que muchas veces retrato por los países de Europa que he ido visitando, que se da en muchos de ellos, que se ve en los centros de las ciudades, y que convierte a las personas en invisibles.

Los fotógrafos tenemos cuidado, conocemos qué se puede fotografiar, y qué se puede manipular. Pero somos a su vez notarios de lo que vemos, aunque sea doloroso y no nos guste nada. No me lanzó improperios la señora, lo que me evitó tenerle que explicar que no lo hago para regodearme, sino para señalar con el dedo.

La fotografía es Arte, pero a su vez es también literatura y periodismo callado y sin letras. Muchas veces no es necesario escribir nada, para explicar todo.

Por cierto, los Servicios Sociales en muchas ciudades intentan ayudar como pueden, que siempre es poco aunque se agoten las personas que voluntariamente entregar mantas para que el frío sea menos. Como colchón, los cartones.

¿Tú qué hubieras hecho, eres de los de criticar por hacer la fotografía para un fin determinado, o de los que ayudan, o de los que no ven lo que hay en las aceras?