20.9.18

Aragón musical culto: Antón García Abril

Quizá la composición musical más raveliana e identificable por la plebe –yo en conocimiento de música clásica llegaría a la categoría de chusma-, la pieza más excelsa de la música culta de la segunda mitad del siglo XX es la banda sonora de este tulorense, Don Antón García Abril, para “El hombre y la tierra”.

Yo siempre lo imagino en mitad de una berrea, atisbando huellas o buscando boletus en los Montes Universales, monte a través sin encontrar nada ni a nadie en la Comunidad de Albarracín, concibiendo esta pieza como Delibes su reposada, nostálgica y precisa literatura de cirujano. Es una sintonía que tiene todos los elementos de empatía con las imágenes concebidas por el gesticulante y aspaventado Félix Rodríguez de la Fuente.

Con bellísimas adaptaciones a sus míticos momentos de avistamiento de aves y pequeña fauna sin molestar, en los que la música de Antón creaba un hilillo-melodía de arroyo, propio del mejor Händel. Qué rumorosidad tan apropiada para no perturbar ese desierto de silencio con pinos hasta Cuenca, machadiano.

Juntamente con la sintonía de Vangelis para Blade Runner, mi película favorita, y que se incorporó al “Informe Semanal” vía dupla roja Mateo-Erquicia –ese “El País” con imágenes que era esa emisión en el Balbín-period, y la sintonía anterior de “Crónicas de un Pueblo”, me parecen las tres elecciones más logradas de música creada o pagada incorporada como sintonía.

“Anillos de Oro” y “Brigada Central” musicalmente también nos penetraron, como la posterior música de Miyar para la 2 de los programas de viaje en los 90.

Aragón, musicalmente, es imposible de terminar.

Y, como composición culta del maestro, es muy recomendable y goza de un grado de exquisitez con grasa entreverada la audición de su “Concierto Mudéjar” de 1986, con el que nos transportamos en alfombra mágica de Teruel a Tabriz o Fez… Fascinante uso de la guitarra española que tiene conocidos antecedentes rodriguescos y anteriores.

Antón García Abril también es autor de uno de los mejores títulos en cualquier disciplina artística que he leído nunca, por nitidez, brillantez y capacidad de ensoñación. Otro fascinante homenaje como es el “Concierto de las tierras altas”.

Aragonés serrano adaptable, conocedor y apasionado de la historia y dúctil, de esa franja en que Aragón se dulcifica vía Cuenca y se sensualiza y huele al azahar que sube de Segorbe, aromatizando almendras y trufas en su especiado paso…

14.09 Luis Iribarren.


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