Picasso o Ricci. ¿Siglo XIII o siglo XX?


Hay personas que no quieren aceptar el Arte Abstracto, el Surrealismo o cualquiera de las nuevas formas de explicar sensaciones, ideas, recuerdos, motivaciones del artista. Y es curiooso pues siempre se dice lo mismo. 

—Es que aquí, yo no veo nada.

O se recurre a la respuesta todavía más simple

—Cómo se nota que no sabe pintar ni dibujar y hace estas mamarrachadas. Esto lo hace un niño.

Ambas formas de expresión son las habituales, pero ambas nacen desde un espacio falso. 

Según dicen los clásicos el pintor Zeuxis hace unos 2.400 años pintaba tan bien que cuando hacía un rácimo de uvas engañaba a los pájaros que iban a picar las uvas para comérselas. Como es lógico es falso, pues no había técnicas tan perfectas como muchos siglos después y tampoco como la propia fotografía, capaz de retratar lo exacto de un racimo de uvas. Y a los pájaros de hoy en día no se les engaña.

Si vemos obras de Joan Miró de sus inicios veremos que sabía dibujar y pintar de forma figurativa y espléndida.

Pero si vemos obras de hace siglos, como esta de arriba del pintor Sebastiano Ricci pintada en el año 1725 y titulada Betsabé en el baño… ¿alguien piensa que esa belleza femenina se bañaba desnuda delante de tanta gente, mientras una mujer entra con una carta en la mano? 

Este cuadro nos está contando una historia de amor, de sexo incluso entre David y Betsabé del que nació el Rey Salomón. 

El pintor se inventa una escena, nos cuenta una historia con los pensamientos que en ese momento tiene para representar la acción donde se junta belleza, sexo, amor, historia, erotismo. 

Y como esa escena es sencilla de entender visualmente, sin entrar a querer conocer lo que se esconde detrás del total, con la hermosa mujer de uno de los generales bañándose y que prenda de deseos al Rey David al contemplarla, nos parece hermosa pues lo es, y la aceptamos pues tampoco queremos conocer más. 

Cuando Picasso pinta a "sus" mujeres de manera cubista, con colores que se alejan de la realidad, está retratando el espíritu de esas personas, tal y como se las imagina el artista, sus sonrisas o sus gestos, sus cálidas formas o sus frialdades. 

Y ante eso podemos decir que nos gusta o que no nos gusta. Y podemos elegir entre Picasso y Ricci. Es lógico incluso que nos guste más o menos cada uno de ellos. Pero en todos hay algo dentro, tal vez escondido, que tal vez si le dedicamos unos segundo más lo podemos apreciar de otra forma. Incluso a peor.

Hoy la escena de la obra de Ricci la podríamos construir para una fotografía, podríamos hacer una obra de teatro con la historia. Pero en cambio nadie en el siglo XVII ó XVIII supo atreverse a construir una obra abstracta. Y hoy nadie se está atreviendo a realizar las obras de arte que se harán en el siglo XXII.

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