Cajas de gran valor para guardar restos de fallecidos que se vendían a trozos


Tras la muerte viene el deseo de mantener el recuerdo, y en las primeras comunidades religiosas del Catolicismo creció el deseo de poseer trozos de la vida del que consideraban mártir, santo o personaje importante en sus comunidades. Se guardaba parte de su mismo cuerpo como reliquias muy importantes a las que rezar, o incluso objetos que él hubiera tocado como elementos que mantuviera la Fé y el recuerdo de la vida del fallecido. 

En la Edad Media se crea incluso un Mercado de reliquias que se guardan en pequeñas arcas, tanto en iglesias como en domicilios particulares de un cierto nivel, que las compra no siempre con la seguridad de ser reales.

Si fuéramos montando las partes de algunos santos que circulan por Europa, nos saldrían santos y medio como poco. Pero el caso es que la Fé mantenía estos recuerdos a los que se les entregaba un gran valor. Así que estas cajas o arquetas o relicarios eran de una gran belleza pues se dedicaban a guardar pequeños tesoros de aquellos tiempos.

Esta arqueta relicario posiblemente del Sur de Francia, de la Escuela de Limoges, es del siglo XIII y está hecha en cobre dorado montado sobre madera y decorada con esmaltes. 

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