8.11.21

Y terminaron por no quejarse de nada. Aprendieron pronto


—¡¡Rápido!! música para los esclavos, que se están despertando. ¡Rápido! o se nos hunde el tinglado.

—¡Maestro!, no tenemos música. 

—¡¡Rápido, rápido! inventaros algo para que se puedan quejar y suene como si fuera música celestial, tenderles redes en las que caigan, creyendo que el quejarse sirve de algo.

—¿Y no es peligroso que se quejen mucho?

—¡Lo más peligroso es que no se quejen de nada!

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