En qué se pueden parecer unas sardinas escabechadas y un cuadro de José Guerrero

Con el ánimo de intentar entender a los artistas caben muchas preguntas ante dudas lógicas. ¿De verdad una persona dedica toda su vida a trabajar duro, a incluso aprender mucho de todo lo referente al Arte, para al final pintar unas manchas en un lienzo e intentar sorprendernos con eso?

¿Simplemente le mueve el deseo de producir en el espectador un rechazo, un deseo de sorpresa, de risa, de quebranto?

¿Empieza creando Arte Abstracto sabiendo que se podría convertir en millonario?

Pero por otra parte también debemos preguntarnos si en estos tiempos del siglo XXI tiene sentido —con la fotografía en todo su esplendor— intentar pintar obras con muchas horas de trabajo encima, para reflejar hasta el mínimo detalle de una persona, de un paisaje, de un bodegón. 

Claro que… esto mismo le podríamos preguntar a cualquiera de los miles de escritores españoles —por poner un país— que dedican centenares de horas en escribir una obra con ganas y dedicación, sabiendo que excepto que se la auto publiquen ellos… no van a lograr ganar nada por sus horas de trabajo, y en caso de que se la publiquen ellos, además de no ganar es casi seguro que pierdan.

El ser humano crea simplemente POR QUE SÍ. 

No tiene que buscar nada que no sea agradar, preocupar, provocar, sublevarse contra la normalidad. 

Hoy el Arte está también en la gastronomía. No solo en el diseño de los alimentos que nos sirven sino también en la forma de los platos sobre los que depositan esos alimentos, o sobre lo que envuelve el ambiente de la comida. 

Podrían ir los grandes cocineros hacia lo sencillo. Ganan más dinero por rentabilidad los que sirven bocadillos a destajo que los que sirven menús de 300 euros. No es la rentabilidad lo que les provoca esas necesidades de crear y ofrecer algo diferente. Buscan el placer en lo diferente. En lo que sea Marca Propia.

Si nos ofrecen unas sardinas escabechadas que no parecen sardinas por su forma, sobre un plato que asemeja una roca de mar, con una salsa picante oriental, y que saben a sardinas pero conservan el color de unas hojas de lechuga, no se nos ocurre decir que aquellos no son unas sardinas. 

Lo aplaudimos pues dentro de todos esos cambios han logrado que "aquello" sepa a sardinas. Pero si nos presentan una obra que son unas manchas le exigimos al autor que no nos presente tonterías pues queremos un paisaje con sus montañas marrones y sus árboles verdes. ¿Por qué le exigimos algo a un artista que no se lo exigimos al otro artista?

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