1.5.18

Los tapices como arte en mayúsculas

Los tapices siempre se han querido reconocer como una artesanía y no como un arte completo, pues trabajaban en los telares sobre plantillas que sí había realizado unos artistas. Pero su trabajo con numerosos hilos de colores, inmenso y tremendo en horas y delicada atención, bien merece un reconocimiento mayor.

En los siglos de los grandes palacios se necesitaba llenar las paredes de grandes telas para decorarlas, pero también para que conservaran mejor la temperatura y el calor. Enormes techos, estancias inmensas y muy deficiente calefacción obligaban a buscar aislamientos acorde con la estancia. Tapices y alfombras que envuelven paredes y suelos para hacer más confortables los tiempos de estancia. En realidad cubrir las paredes en invierno con telas gruesas sin decorar se hacía desde muchos siglos antes.

Grandes pintores europeos se dedican por encargo a dibujar los bocetos o cartones que sirven en las fábricas de tapices para copiar las escenas. Como además, una vez que se ha realizado el boceto, se puede copiar tantas veces como se quiera, en realidad podríamos estar hablando de una fabricación muy lenta pero en serie, de obras de grandes artistas como Goya o Rubens. Aunque las grandes familias querían tener tapices originales y sin que nadie pudiera disfrutar de copias.

Este ejemplo que vemos arriba es una parte de un gran tapiz francés, donde vemos a una mujer recogiendo plantas del campo. Una de las partes más curiosas de los tapices es que en muchos casos y según las escuelas, todos ellos contienen un auténtico catálogo de plantas de la zona y del tiempo en que se construyeron, lo que nos sirve para estudios botánicos de plantas que se empleaban o se tenían en consideración y uso, pues se reflejaban en las obras.

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