Perdemos la capacidad de comunicarnos con manchas y líneas


Es curioso recordar la realidad de que nacemos con la capacidad de realizar trazos, manchas, rayas, y además deseamos hacer ese ejercicio cuando somos muy pequeños, y a su vez lo vamos perdiendo según crecemos. Los niños enseguida descubren su capacidad de "crear" sobre el lienzo en blanco de una pared, el suelo o la mesa, sobre su ropa o su cara, rayas y manchas empleando los dedos. Es una forma ancestral, arcaica de comunicar utilizando los dedos, una materia de color, y una base como lienzo, para realizar formas simples. 

Pero eso es reprimido por los adultos, y al final se deja de hace antes incluso de ser sustituido por los alfabetos y las comunicaciones escritas que ya reconocemos como normalizadas.

Incluso al niño cuando le enseñamos a escribir y a repetir formas, lo hacemos de manera muy controlada. Le pedimos que repita formas para educarle a manejar la mano, pero le evitamos que haga formas libres. Debe repetir diez veces diez unos cuadrados o unas líneas onduladas, que sigan un patrón, que sean todas ellas iguales y paralelas, pero no le ofrecemos la opción de que partiendo de esos mismos patrones haga lo que le plazca. Es cierto también, en algunos modelos educativos, SÍ se hace así.

El resultado final es que el niño va perdiendo el placer de utilizar las manos para manchar. Y comprende que aquella herramienta, los dedos y la mano, están para comunicarse de una forma ordenada, fácil incluso pues se utilizan grafismo que la otra parte, el espectador, puede descifrar con suma facilidad. ¿Qué hemos perdido en ese camino de control de la mano y de la libertad de crear formas que salen desde dentro?

Nota.: La obra que vemos arriba es del artista napolitano Sergio Fermariello

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