20.1.18

Arte en África. Economía y Cultura

Estas líneas de abajo son respuestas de una economista dedicada a analizar la influencia de la cultura y el arte en la sociedad. Jen Snowball es profesora y economista del Departamento de Economía e Historia Económica de la Rhodes University (Sudáfrica). Veamos algunas respuestas de las que podemos hacernos una idea de los nuevos tiempos e importancia de la cultura y el arte.

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¿Cómo se definiría el valor creado por el sector del arte y la cultura?

No es una pregunta fácil de responder en pocas palabras. Solo apuntaré que el valor cultural se extiende a través de todas las esferas de la sociedad e incluye todo tipo de valores, desde el económico o financiero hasta el social o valores muy personales. Todos son aspectos que deberían tenerse en cuenta cuando se habla del valor cultural.

¿Cómo se puede medir el impacto de las expresiones artísticas?

La cultura puede aportar dos tipos de valores: los extrínsecos y los intrínsecos. Según entiendo, los valores extrínsecos son más objetivos y, por tanto, más fáciles de medir. Un ejemplo podría ser el impacto económico de un concierto o de un festival, cuyos precios de mercado se pueden utilizar para medir la repercusión de dicho evento en la economía. Los valores intrínsecos son mucho más personales. Se trata de los sentimientos que experimentamos al ir a un concierto, ver una obra de arte maravillosa o escuchar música. Es un sentimiento de placer o felicidad. A veces, sin embargo, la función de la cultura es hacernos sentir incómodos, que nos preocupemos o sintamos que nuestras ideas sobre el mundo han cambiado o se han cuestionado de algún modo. Los valores extrínsecos son más fáciles de medir, por lo que los economistas tienden a centrarse en ellos. En cambio, es muy difícil encontrar una manera de agrupar los valores intrínsecos para expresarlos como un sentimiento general, ya que son diferentes para cada persona.

¿Deberían las instituciones públicas liderar la inversión en arte y cultura?

Cada país es muy diferente. En el caso de Sudáfrica, de donde vengo, la financiación pública marca el camino, sobre todo en los campos con repercusiones que producen un beneficio público; ámbitos como el patrimonio, los museos, las bibliotecas. El sector privado lidera los campos en los que hay intereses más especializados, por ejemplo, un festival de jazz. En estos casos siempre hay algún banco u otro tipo de empresa privada que financia el evento. Creo que es una buena combinación, porque con la financiación pública solamente se pueden financiar ciertos tipos de eventos. Siempre depende de lo que el Gobierno crea que debe ofrecerse al país. La financiación privada brinda la oportunidad de que se escuchen otras voces. El sector privado puede financiar ámbitos en los que el sector público no querría involucrarse. Puede ser algo dirigido solo a determinadas partes de la población, pero también puede ser algo muy arriesgado, innovador o que pueda ofender. Creo que una de las funciones del arte también es abrir debates en la sociedad y es ahí donde el sector privado puede hacer mucho.

¿Cómo contribuye la economía, es decir, el pensamiento de los economistas a una mejor comprensión del arte y la cultura?

Bien, ¡estás hablando con una economista! Creo que por parte de los propios artistas y profesionales hay mucha resistencia a la idea de que la economía puede tener algo importante o útil que decir sobre el proceso creativo de la cultura. Seguramente esto se deba a la percepción errónea de que la economía significa dinero, así que, si eres economista, solamente te importan cosas como el dinero, las finanzas o los precios de mercado, y todo lo que se puede medir fácilmente. Pero no es realmente así. La economía está relacionada con todo, trata sobre las decisiones que tomamos en nuestra vida cotidiana, las decisiones que deben tomar los gobiernos, el bienestar (como ya hemos mencionado), el desarrollo sostenible, los medios de vida, etcétera. Todas estas dimensiones tienen cabida en la economía. La economía puede tener mucho que decir al sector del arte y la cultura, y en concreto puede ayudar a expresar los tipos de valores que se producen en el sector, de tal manera que los responsables de las políticas y la financiación lo entiendan. Gran parte de mi trabajo se centra en utilizar la teoría económica para hablar de los diferentes tipos de valor asociados a las industrias culturales y creativas, para luego explicar a los artistas que este marco les podría ser útil cuando se dirigen a los financiadores, a su propio entorno y a los responsables de las políticas del Gobierno. En cierto modo, pienso que podemos ser un puente entre los diferentes grupos de la sociedad para expresar y, en algunos casos, medir el valor cultural.

Entender las industrias culturales como un sector, como un concepto, es algo bastante nuevo. Por supuesto, siempre han estado allí, pero nunca se han considerado como un único sector conectado. Siempre nos hemos referido a la industria del cine, la arquitectura o la publicidad como ámbitos separados, y el problema es que todavía están muy dispersos en términos de políticas. En Sudáfrica, por ejemplo, el Departamento de Comercio e Industria se encarga de las subvenciones para la industria cinematográfica, mientras que el Departamento de Arte y Cultura se encarga de los museos y las asociaciones profesionales. Creo que concebir el sector como un todo coherente con objetivos e ideas que, sin ser los mismos, son similares, es realmente un gran paso en la dirección correcta para contribuir a que este sector desarrolle todo su potencial y se reconozca la importancia que tiene en la sociedad. Aunque en el caso de Sudáfrica todavía no disponemos de datos, en muchos países se ha demostrado que las industrias culturales y creativas están creciendo más rápido que el resto de la economía. Son parte de este nuevo sector de servicios, y la creación y la innovación son motores de crecimiento económico muy importantes. Creo que, en un futuro, pueden aportar muchísimo al crecimiento económico general.

Nota.: La entrevista la realizó y publicó Fundación Caixa. La obra es del artista George Lilanga di Nyama de Tanzania

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