¿Cuál es el futuro de los Museos, de la Cultura y el Arte?

La forma que teníamos de acudir a Museos mas o menos importantes en todo el mundo, van a cambiar drásticamente con la pandemia del Covid19, algo inevitable. Ya no podrán existir esas filas enormes que se producían en el Museo del Prado al menos dos veces cada día. Filas que se repetían al menos en el Museo Reina sofía o en el Thyssen en Madrid o en otros numerosos centros repartidos por toda España. 

Se acabaron las grandes exposiciones novedosas, temáticas, capaces de atraer a miles de visitantes desde todo el mundo. ¿Y qué nos queda, o qué podemos hacer para no perder la influencia del mundo del Arte ante las personas que les interesa, y que cada vez deberían ser mas?

La Cultura es IMPRESCINDIBLE y dentro de ella el Arte toma un espacio importante en todas sus demostraciones. Así que: o somos capaces de entender su importancia y la cuidamos y mimamos, o nos podemos encontrar con un decaimiento brutal

Es curioso que dediquemos en España muchísimo más espacio postcrisis a los bares o restaurantes, y mucho menos a la Cultura.

Cultura y Arte van unidos, y en ellos están el Teatro, el Cine, los Museos y Exposiciones, la Literatura y todo el Arte que nos han ido dejando generaciones anteriores de constructores de relatos. Basarnos solo en el hoy cambiando Cultura por ocio, es cuando menos peligroso.

Pero volvamos al Arte. Cada vez más el camino del Arte Público tiene que ser explorar las posibilidades digitales. Ya se habla desde el Museo Reina Sofía de que los catálogos de las futuras exposiciones serán digitales y no en papel. Pero deben ser mucho mas que una simple hoja de información.

Los Museos tienen miedo de repartir (de abrir) el uso y disfrute de las obras de Arte por medios digitales. Pero el futuro es ese, tanto para montar exposiciones digitales para que las puedan ver en todo el mundo de forma no presencial, como para abrir las obras a ser “repartidas” de forma digital sin por ello atentar a los Derechos de autor o de Propiedad Intelectual. Todo cambia con los tiempos y hay que adaptarse.

Nos quejamos del poco respeto y valoración que la sociedad en general le otorga al Arte y la Cultura. Y sin duda hay que lograr hacerla rentable para los profesionales. Ese es el reto. Pero en la misma medida en que es absurdo algunas Subastas de precios prohibidos solo a la altura de muy pocas empresas o personas, lo es que el Arte y la Cultura no sepa abrirse en más medida a ser repartida entre la sociedad.

Los Museos deberían abrirse todos los meses a ofrecer al menos una obra nueva en sus páginas web (ya sé que algo se hace) pero con un trabajo pedagógico mucho más amplio

La obra digital en general y bien escaneada o fotografiada, con detalles en alta resolución para ver detalles y entender formas de trabajo. Y una información escalada por deseos de los espectadores para informar de la obra, de su contexto, de su historia, de sus formas técnicas.

Y eso mismo se debe realizar para formar conjuntos de exposiciones virtuales no tanto con catálogos realizados para el papel como desde presentaciones realizadas pensando en la lectura digital. 

¿Y cómo se logra rentabilizar todo esto? Pues tenemos un trabajo intenso para modular esto, admitiendo que no es nada sencillo. Pero ya hay diez millones de españoles pagando todos los meses por la televisión de plataformas privadas. Se necesita una agrupación mayor entre servicios.

Si yo contrato mi internet a una empresa, y esa misma empresa me ofrece además el teléfono y la televisión, debería poderse dar acceso a ciertas páginas web, sean de información periodística, culturales, de opinión o de otro tipo. No es entendible que todavía estas grandes empresas mundiales no se abran a dar más modelos de cultura e información.

Y a partir de eso, hay que trabajar más por los segmentos sociales que no pueden acceder a estos costes mensuales, pues si bien el fútbol puede ser un coste elitista, hay otros costes que deben estar abiertos a toda la sociedad, para que no existan diversas velocidades sociales.

La obra de arriba es un bodegón del artista croata Josip Vaništa

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