22.6.26
Un Buda Gupta del siglo IV
El Imperio Gupta fue para la India algo parecido a lo que el Imperio Romano fue para Europa, o la Atenas de Pericles para la antigua Grecia: una época de estabilidad, riqueza y enorme florecimiento cultural.
Se desarrolló aproximadamente entre los años 320 y 550 d. C., dominando gran parte del norte de la India. Aunque no fue el mayor imperio indio en extensión (el anterior Imperio Maurya había sido más grande), sí fue uno de los más influyentes desde el punto de vista cultural.
Imaginemos un país que durante siglos estuviera dividido en pequeños reinos, guerras e invasiones, y que de repente aparece una familia, los Gupta, que consigue unir buena parte del territorio. Con la paz llegan el comercio, la riqueza y el tiempo para dedicarse a la ciencia, el arte y la literatura. Eso fue, en esencia, el Imperio Gupta.
Muchos historiadores han llamado a este periodo la Edad de Oro de la India, aunque hoy algunos matizan esa expresión porque la prosperidad no fue igual para toda la población, algo habitual cuando un país o una civilización crece de forma rápida.
Fue sin duda una época extraordinaria por varios motivos. Estudios nuevo de las matemáticas, ingeniería, astronomía, del Arte, de la religión, la literatura, las normas sociales, etc.
La economía prosperaba gracias a la agricultura mejor planificada, al comercio interior, pero a su vez con las nuevas rutas comerciales con Asia. Se acuñaban monedas de oro de gran calidad, signo de una economía fuerte y muy comercial.
Muchas de las imágenes clásicas de Buda que hoy conocemos y se conservan, proceden precisamente de este periodo, aunque también florecieron la pintura mural y la arquitectura de templos.
Este Buda que vemos, del siglo IV es un ejemplo de esa nueva imagen que quisieron transmitir del Buda anterior, más clásico. Los Buda Gupta tienen el pelo separado en rizos pequeños, y los párpados caídos, y se convirtieron en el icono para las imágenes de Busa que se hicieron posteriormente.
