3.6.26

Augusto De Luca y su proyecto ARMAGEDDÓN


El artista fotógrafo, Augusto De Luca nacido en Nápoles en 1955 y licenciado en derecho, se convirtió en un profesional de la imagen a mediados de los años setenta, cuando las manos te tenían que oler a revelador por obligación del oficio. Un olor por cierto, que tarda décadas en ser olvidado.

Su carrera se ha desarrollado entre las técnicas tradicionales y la continua experimentación con diferentes materiales e ideas o conceptos. Su estilo se distingue por el extremo cuidado de los encuadres y por un enfoque que combina tomas de un claro realismo con composiciones donde las formas evocan los principios de la pintura metafísica.

Autor de fama internacional, ha retratado a numerosas figuras célebres y expuesto sus trabajos en diversas galerías de todo el planeta. 

Hoy en día, sus obras forman parte de importantes colecciones públicas y privadas, entre las que destacan la Biblioteca Nacional de París, el Archivo Fotográfico Municipal de Roma, la Galería Nacional de Artes Estéticas de Pekín, el Archivo Fotográfico del Parque Arqueológico de Pompeya y el Museo de la Fotografía de Charleroi en Bélgica.

Dicen que está especializado en retratos, pero sus obras reflejan también esas enormes dudas sobre quienes somos, qué mostramos, o qué nos ven antes y después de ser retratados.

Muy activo, uno de sus últimos trabajo y sobre el que voy a dejar algunos ejemplos se titula «ARMAGEDDÓN» y es un nuevo trabajo, inspirado en los últimos conflictos mundiales catastróficos.


Os dejo a continuación unas palabras suyas sobre este momento tan complejo, tan duro, casi como un texto pedagógico para que las nuevas generaciones incluso, entiendan mejor qué es la fotografía, o al menos qué debería ser.


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«La fotografía siempre ha tenido el poder de capturar la esencia de la realidad, pero cuando se aventura en el terreno de lo metafísico y lo surrealista, se convierte en una herramienta para explorar dimensiones invisibles y simbolismos profundos. En un mundo marcado por las catástrofes de las guerras mundiales, la exploración fotográfica que entrelaza estos temas ofrece una mirada única a la historia humana, una narrativa visual capaz de provocar emociones y reflexiones. Mis últimas fotografías trascienden el simple acto de capturar imágenes; se trata de un viaje al alma de las personas, un intento de atrapar lo invisible que se esconde detrás de los eventos históricos. Las cicatrices dejadas por los conflictos globales son evidentes, pero también están las sombras y los silencios, las historias no contadas de quienes sufrieron y de quienes lucharon. A través de los filtros del arte, se explora la esencia de las emociones humanas, utilizando elementos surrealistas para resaltar el dolor y la esperanza. Cada imagen tomada en este contexto está cargada de símbolos. Estos símbolos no solo evocan la memoria colectiva de las guerras, sino que invitan también al espectador a confrontar su propia interpretación del sufrimiento y el renacer. La elección de las formas, la composición y la iluminación se vuelven herramientas para contar historias que van más allá de lo visible. El componente surrealista en mi búsqueda fotográfica entra en juego cuando la realidad se “distorsiona”, creando imágenes que parecen sacadas de un sueño. En este contexto, lo surrealista no busca negar el dolor, sino amplificarlo, llevando al espectador a una dimensión de comprensión más profunda, a escenarios oníricos, ricos en significados ocultos. Este enfoque desafía al observador a reflexionar sobre cuál es la frontera entre la realidad y la imaginación, entre lo que fue y lo que podría ser. Este trabajo fotográfico surrealista y simbólico sobre las catástrofes de las guerras mundiales no es solo un documento, sino una invitación a ver más allá de las imágenes superficiales. Es un llamado a explorar las emociones y las experiencias humanas, a enfrentarse al pasado y a encontrar un significado profundo en la belleza y en el dolor. A través del arte, las historias de millones de vidas perdidas y transformadas siguen viviendo, animándonos a mantener viva la memoria y a mirar hacia el futuro con nuevos ojos».