El Arte Islámico no intenta contar una historia con personas; intenta hacernos sentir que la belleza puede construirse con líneas, colores, ritmo y paciencia. Es un arte que convierte la geometría en poesía y las paredes de sus espacios, sean palacios, mezquitas o casas particulares, en un lugar donde la vista nunca deja de descubrir nuevos detalles.
Aunque hoy podemos hacer estos dibujos con un ordenador, hace casi mil años todo esto se realizaba a mano, pieza por pieza, con una precisión extraordinaria. Los artesanos tardaban meses e incluso años, en terminar la decoración de una sola sala.
Esta imagen muestra una parte de un edificio construido en España por artistas musulmanes hace muchos siglos. Este tipo de decoración pertenece al Arte Islámico, un arte que buscaba transmitir belleza, armonía y la grandeza de Dios sin necesidad de representar personas o animales. En muchos edificios religiosos del Islam se evitaba representar personas o animales para que la atención no se dirigiera hacia las imágenes, sino hacia Dios y hacia la belleza de la creación.
En su lugar vemos dibujos hechos con líneas, hojas, flores y formas geométricas que parecen repetirse una y otra vez. Los artistas musulmanes pensaban que el universo estaba lleno de orden y de belleza. Por eso decoraban las paredes con dibujos que parecían no terminar nunca. Era una forma de recordar que el mundo creado por Dios también es infinito y está lleno de equilibrio.
En sus obras destaca el azul y el blanco. El azul recuerda al cielo, al agua y a la tranquilidad. El blanco transmite limpieza, luz y pureza. Con muy pocos colores conseguían que los edificios parecieran elegantes y luminosos.
Hay varios tipos de dibujos, de figuras. Trabajaban los motivos vegetales, que parecen hojas, flores o ramas, aunque muchas veces son imaginarias, las formas geométricas, construidas con una precisión casi matemática, y a todo ello le añadían escritura árabe, que en muchos edificios también forma parte de la decoración, aunque en esta imagen apenas aparece, excepto en la zona alta. Todo está hecho con muchísimo cuidado. Cada pieza parece colocada exactamente en el lugar donde debe estar.
Si observas esta imagen durante un rato, probablemente notes que transmite calma. No hay nada que llame la atención de forma brusca. Todo parece estar en equilibrio, como si cada dibujo ayudara al siguiente. Es un arte que invita a mirar despacio.
