28.5.26

Mural de Joan Miró en el Aeropuerto de Barcelona


Este mural de Joan Miró está en el aeropuerto de Barcelona, realizado entre 1968 y 1971, el mosaico está compuesto por piezas en pavimento de vibrazo para el exterior, con los colores básicos típicos de Miró, que fueron fabricadas especialmente por el ceramista Josep Llorens Artigas y su hijo Joan Gardy-Artigas, habituales colaboradores en muchas de las obras de cerámica de Miró.

Es un fresco mural en cerámica que ocupa desde 1968 una gran parte de la fachada del antiguo terminal 2 del aeropuerto, que ahora solo utilizan las compañías low-cost, y sirve para dar la bienvenida a los viajeros que llegan por aire a Barcelona.

El mural fue concebido como una puerta de entrada a la ciudad, formando parte de una trilogía de obras con las que Miró quiso dar la bienvenida a los visitantes de Barcelona, y que las otras dos están en la ciudad.

Recientemente, en mayo de 2026, el mural ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de España, lo que le otorga el máximo nivel de protección patrimonial y garantiza su conservación en su ubicación. AENA planteó trasladar el mural a la Terminal 1. Pero arquitectos, historiadores y entidades culturales se opusieron porque consideran que Joan Miró concibió el mural específicamente para esa fachada concreta de la Terminal 2.

Es una de las grandes obras monumentales del arte español contemporáneo y, probablemente, una de las piezas públicas más vistas de toda la obra de Miró. Durante décadas, millones de personas lo han contemplado al llegar a Barcelona casi sin saber realmente, qué estaban viendo, qué significado quiso darle Miró a esta obra.

Es una obra colosal, con una superficie de 500 metros cuadrados (50 metros de ancho por 10 de alto) y un peso aproximado de 35 toneladas. 
Está formado por 4,865 azulejos de cerámica esmaltada, cocidos en un horno tradicional que otorga a las piezas texturas y colores irregulares. 

Aunque el proyecto comenzó en 1968, el mural se instaló en 1970 y fue inaugurado oficialmente el 18 de marzo de 1971.

Las piezas se realizaron en hornos japoneses tipo noborigama, que producen irregularidades en su superficie, diferencias de textura, variaciones cromáticas, y superficies vivas. Miró no quería una superficie industrial perfecta. Quería vibración, accidente, materia, energía física. Por eso el mural tiene tanta fuerza cuando se ve de cerca.

El mural no está pensado como cuadro de museo para colgar en una pared. Está pensado para verse en movimiento, desde las ventanillas de un coches que avanza por esa zona, desde autobuses con desplazamientos rápidos. Es un arte concebido para la velocidad contemporánea (de aquellos años). Y eso lo hace una obra muy moderna.

El mural es una obra tan grande que resulta muy compleja de fotografiar entera. Por eso os dejo un dibujo del mismo, ligeramente distinto, y una fotografía del mural, pero con muy mala calidad.

Julio Puente