Hoy quiero traeros a esta ventana la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad, una talla románica de Virgen sentada en un Trono o Asiento de la Sabiduría Divina, realizada en madera de álamo con 83 cm de altura, vinculada estilísticamente a los talleres de Ribagorza y al entorno artístico de Roda de Isábena.
Aunque tradicionalmente se fecha en el siglo XI y su devoción se asocia a la conquista cristiana de la zona de Ribagorza hacia 1084, hay dudas sobre el año exacto de su construcción, pero es muy posible que sea cercano a esa fecha que he comentado.
Su aspecto actual está fuertemente condicionado por una restauración del siglo XX que añadió el revestimiento dorado, las coronas y diversos elementos ornamentales, piedras y la flor que lleva la Virgen.
El Niño es presentado casi como un pequeño Cristo en postura de Majestad. El modelo tiene antecedentes bizantinos y carolingios y se extendió con extraordinaria fuerza por la Europa occidental entre los siglos XI y XII y constituye una pieza que puede retirarse del regazo de María. Es un detalle técnico muy significativo, pues es desmontable como sucede en otras vírgenes aragonesas. No se sabe el motivo exacto de esto, pero es muy posible que en algunas ceremonias de aquellos años, solo se representara a la Virgen sin el Niño, por ejemplo, en Navidades.
La silla sobre la que se sienta la Virgen a modo de Trono es sumamente sencilla pero escultóricamente interesante. Posee cuatro montantes cilíndricos, pequeñas basas y remates redondeados en forma de pomo.
En la actualidad los rostros y las manos de la escultura (estas podrían ser posteriores) aparecen de un marrón negruzco muy intenso, por lo que numerosas publicaciones la incluyen entre las llamadas Vírgenes negras. Pero eso no demuestra que el escultor medieval quisiera representar una Virgen negra. El envejecimiento de la madera de álamo le había dado un hermoso «tono tostado" e incluso ha aumentado ese tono tan oscuro con barnices o intervenciones posteriores.
La Virgen había llevado mantos textiles durante siglos y a comienzos del XX aparecía completamente vestida de ropas. En fotografías de los años sesenta se aprecia la escultura sin las actuales coronas metálicas. La flor probablemente ocupa el lugar de otro atributo desaparecido y desconocidos. La posición de la mano indica que originalmente debió sostener algo, pero no sabemos qué era. Podría haber sido una flor, fruto, orbe u otro objeto simbólico; afirmar cuál sería especulativo.
Lo que os he dejado es la imagen desnuda de revestimientos dorados actuales que fotografió González-Simancas antes de la restauración —la imagen de una virgen en la que se ve la madera parduzca casi sin oro— más acorde con la idea primitiva de esta escultura religiosa.
La zona llamada Torreciudad está dentro de uno de los territorios donde confluyen Aragón, Ribagorza, Cataluña pirenaica y las corrientes del románico internacional. La tradición afirma que la imagen fue hallada o entronizada en torno a 1083-1084, coincidiendo con la conquista cristiana definitiva de la zona conocida como Torreciudad. Se considera que la talla pertenece claramente al ambiente artístico de Ribagorza y relaciona ese florecimiento con la actividad cultural de la sede rotense y con personajes como San Ramón, obispo de Roda, estrechamente vinculado también al arte del valle de Boí
