29.12.11

Cabezas y caretas, de José Gutiérrez Solana

Este óleo de José Gutiérrez Solana pintado en 1943 y titulado “Cabezas y caretas” siempre me ha provocado admiración en mis visitas al Museo Reina Sofía. No sabría bien explicarlo, es un cuadro que produce dolor, miedo, temor incluso en sus colores algo apagados y tenebrosos. Refleja una España rural seria y pesimista, un país de postguerra lúgubre y doloroso. Pero tal vez ese dolor se ve en sus cuadros, se traslada al espectador sin decirle claramente en qué momento está pintado aquello. Es miseria, es hambre, es sociología en unos años de censura. Es la España rural reflejada en un oleo que intenta despertar poco a poco, a través de su emigración en busca de otros colores, de otras visiones.

27.12.11

Liliana Porter nos presenta “Arruga, instalación, ambiente I”


Os dejo una instalación del Museo Reina Sofía de Madrid, de la artista argentina Liliana Porter, llamado “Arruga, instalación, ambiente I” compuestos de hojas de papel impreso en offset que cubren parcialmente una pared y que son arrugadas en sus extremos, tal y como indica el cartel explicativo.

Liliana Porter se forma en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, y en la Universidad Iberoamericana de México. En 1964 se traslada a Nueva York, donde reside en la actualidad. Emplea juguetes, muñecos, fotografías o papeles para de manera irónica crear desconcertantes diálogos con los espectadores, obligándoles a entrar dentro de sus obras, para que formen parte de la obra como un elemento más del conjunto.

26.12.11

España nocturna, vista desde la Estación Espacial

Veamos la imagen que está de moda estos días, con una península ibérica desde la ISS, de noche, remarcando las zonas donde más habitantes dejamos la luces encendidas para poder vernos. Es una manera de asumir lo pequeños que somos, comparados con la inmensidad de lo que nos rodea.
 

Con 55 años eres viejo. Con 30 años eres joven. ¡Jodo!

Ahora viene Mariano Rajoy y decide poner de Ministros a gente mayor de 55 años de media. Que es tanto como reconocer que los jóvenes están bien, son atrevidos y muy formados, pero a veces no tienen la calma, la mesura, la experiencia del uso de los tempos, que en los momentos de crisis son necesarios para resolver dudas y problemas graves. Eso o que entre sus colaboradores no tiene suficiente gente joven para poderlos poner a gestionar al país, que me da igual el motivo.

En estas últimas décadas hemos cometido muchos errores, pero uno de los más graves es no valorar a las personas por lo que saben y son capaces de hacer, no por lo que representan por edad o sexo en la sociedad. No son ideas arcaicas ni retrógradas, hacen un flaco favor por la igualdad. Marcar unos baremos por segmentos de la sociedad es un gran error que nos puede conducir al fracaso.

Cada organización tiene en su seno un determinado número y porcentaje de gente de cada edad, sexo, tipo, formación, experiencia. Es ilógico recurrir a unos números por ley, marcados no por la capacidad de cada grupo u organización, sino por una segmentación de la sociedad en su globalización. 

Por esa norma ya escrita, ¿para cuando por ejemplo, mujeres mayores de 75 años en los Gobiernos?, ¿para cuando un número —determinado por ley— de ciudadanos sin estudios básicos?, ¿para cuando dentro de los que gobiernan, más trabajadores por cuanta ajena y muchos menos funcionarios?