Sobre el río ancho de la vida que va rápido a su desembocadura, quedó la muerte de un tronco ya hundido en sus miserias. Pero la muerte es vida. O incluso la vida siempre termina en muerte para crear más vida. Este tronco supo aprovecharse de la humedad y la luz y volvió a florecer. No desde dentro, sino desde la afueras, desde los parásitos que supieron emplearlo como sujeción. Pero es vida. Nueva vida.
16.7.16
Una triste señora de azul, con chal envolvente
La tristeza se contagia, es un sino que emplea para atraparnos. Si entramos tristes, saldremos tristes. Esta señora de azul está triste. Ella sabrá por qué. La hicieron triste para impresionar.
La mirada, el chal que la envuelve, esa boca pequeña que parece suspirar, la enorme distancia entre la mirada y la palabra. Yo no la tendría en mi salón, para que no me contagiara su bella tristeza. Jodo.
14.7.16
La señora de brazo grueso ha perdido las razones
Tres direcciones diferentes para tres pensamientos que no sabemos en qué acabaron. La señora señala en una dirección mientras el acompañante mira al foso como preguntándose si no sería mejor bajar hasta allí abajo y de forma rápida. No escucha y menos mira a la señora de verde. Él hace como que lee un follete de nada pero…, mira el fondo del hueco, bello y crema.
Ajeno a esa diatriba que no finalizamos hoy, se nos marcha un avión lleno de personas con mas de doscientas historias parecidas. Y se va marchando en su programada dirección, esa contraria a la señora de brazo potente, que tanto ordena mientras se esconde tras las gafas oscuras de mirar mal.
Nadie le hace caso a la mujer con las razones bien puestas. Ni el señor… ni el avión. Está condenada a no tener razón, aunque tenga muchas razones.
Soñar no se enseña, se aprende. Y cansa mucho soñar, se avisa
Escucho a un hombre roto que se ofrece a enseñarme a soñar. No es mala idea pues los sueños bonitos cansan, terminas agotado, deseas terminarlos para ver qué queda de todo lo soñado.
No queda nada, te has cansado para nada.
Le digo que no, que ya vengo enseñado de casa, que no me fío. Bueno esto no se lo digo, sólo lo pienso.
Uno puede aprender a todo, pero a veces no compensa.
¿De qué manera te pueden enseñar a ver un paisaje? ¿cómo transmito lo que me producen a mi los campos segados de Soria a un espectador gallego, a un chino, a un africano?
No es posible enseñar a soñar con las eras de Soria, con la mies recogida con las manos, con la aventadora y el trillo.
No puedo mandarle olores y sabores, texturas o palabras, los colores negros de la ropa de mi abuela o los grises de mi tía.
Soñar no se enseña, se aprende.
No queda nada, te has cansado para nada.
Le digo que no, que ya vengo enseñado de casa, que no me fío. Bueno esto no se lo digo, sólo lo pienso.
Uno puede aprender a todo, pero a veces no compensa.
¿De qué manera te pueden enseñar a ver un paisaje? ¿cómo transmito lo que me producen a mi los campos segados de Soria a un espectador gallego, a un chino, a un africano?
No es posible enseñar a soñar con las eras de Soria, con la mies recogida con las manos, con la aventadora y el trillo.
No puedo mandarle olores y sabores, texturas o palabras, los colores negros de la ropa de mi abuela o los grises de mi tía.
Soñar no se enseña, se aprende.
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