1.10.19

Rebusco en la basura de mis archivos, viejos artículos con moho

Rebusco en la basura de mis archivos, viejos artículos con moho y más de 25 años para ver cómo he cambiado. No tanto. Me parece incluso curioso. Muchas de aquellas frases las volvería a repetir. Creía que mis cambios habían sido más profundos. Y no. Y eso me alegra. Sé mantenerme en similares posiciones que se mueven según me muevo yo, lentamente, pasito a pasito, según voy cargando la mochila de nuevas realidades. 

Aprendemos con la edad y cuando más sabemos nos viene la enfermedad de nombre raro o nos apagan la luz. Por eso el ser humano no aprende lo que debería. Cree que se las sabe todas cuando tiene la edad en que es imposible que se las sepa. Y cuando ya se las sabe nadie nos escucha y estamos a punto de quedarnos a oscuras. 

Hay culturas donde eso no es así, y no es que avancen más que la nuestra, la occidental simple, pero tal vez sean más felices porque intuyen que la vida no es todo saber y acumular sino repartir.

Un bosque macro en el Aragón del Gállego

Paseaba esta mañana recién nacida por el otoño aragonés y observaba con mi cámara decenas de formas y colores diminutos en flores o ramitas secas que me han llevado a removerme y preguntarme por dentro: ¿Cuantas personas saben que en lo micro está gran parte de los desconocido, de la belleza real, de los milagros complicados? 

En economía sucede lo mismo, en lo micro estamos nosotros, las personas, nuestras dudas y temores, incluso nuestras decisiones, hasta que estas se convierten en macro. Un bosque es macro. Un arañón maduro o una mora negra es micro.

Una persona es micro, aunque para ella sea su único macro. Una sociedad, una ciudad, todos nosotros somos macro.

¿Por qué escribimos como hablamos? ¿O no hablamos así?

Escribimos como hablamos o hablamos como escribimos, pero en realidad hay muchas otras formas de escribir que no siempre utilizamos. 

Podemos escribir con imágenes, con sonidos, de forma aleatoria, surrealista, incluso abstracta. 

Podemos hacerlo incluso con palabras que vayan surgiendo de forma impredecible, o sin comas ni puntos. Incluso es posible intentarlo prescindiendo de algunas letras. Sin A o sin O por poner un ejemplo. 

¿Y qué sale de todo esto? Escribimos para que nos entiendan… o no. Tal vez también podamos escribir para que resulte “bonito” o para vaciarnos. Incluso para dibujar con la escritura. 

En los últimos tiempos ya no escribimos para que nos lean, sino para leernos. algo es algo.

El arte está para convertir lo imposible en posible. Música a dos colores

¿Cómo puedes fotografiar la música, el sonido por ejemplo de un blues tocado a cuatro manos? Es imposible, no veo la manera de lograr crear y mostrar en algo plano, algo que nos haga imaginar que se escucha un sonido bello que sólo contiene subidas y bajadas de ritmos, relieves y desgarros sonoros que además no se pueden convertir en dimensiones para ver. 

La música está hecha para penetrar por los oídos, no por los ojos, así que es imposible. No podemos ver la música.

Pero el arte está para convertir lo imposible en posible. ¿Es posible escuchar una escultura? ¿Y oler una pintura? ¿Y palpar una obra de teatro o una danza?