22.10.17

Marcel Dzama y sus respuestas

El artista Marcel Dzama, canadiense pero trabajando en New York, es uno de los artistas internacionales más reputados, al que La Casa Encendida en Madrid, le está dedicando la muestra más amplia hasta la fecha, montada en España, titulada: «Dibujando una revolución»


Marcel Dzama comparte con Duchamp, al que admira, su nombre, pero también su espíritu burlón pese a ser una persona muy tímida. Bebe artísticamente del Surrealismo, del Dadaísmo, de El Bosco y de Goya… y eso se nota en su obra, en sus reconocidos dibujos, o en sus actuales dioramas, y en sus esculturas y películas. La Casa Encendida plantea su revolución, su trayectoria de los últimos cinco año,s en los que los contenidos cobran un importante ímpetu político. Veamos algunas respuestas a una entrevista suya, que podemos leer completa aquí.


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–Confiesa que detesta la violencia. ¿Se puede hacer una revolución sin violencia?
–Siempre va a haber incidentes. Prefiero las revoluciones pacíficas. Normalmente, cuando se vuelven violentas, las cosas se vuelven grises. La intención de la revolución puede hundirse por eso.


–¿A qué responde su necesidad de mezclar fantasía y realidad en sus obras?
–Trump, en sí mismo, es una especie de retrato entre la realidad y la ficción. Es como un dibujo animado andante. Algo obvio de lo que reírse. No creo que sea un ser humano sustancial. Es como si nos siguiese y dijese: «Ahora les gusto», una distracción. Casi puro narcisismo, lo que hace que sea un personaje de dibujos animados perfecto. Pero volviendo a la pregunta: Me influyó mucho el Surrealismo, el Dadaísmo. La idea de disfraz, que normalmente representa algo en el dibujo.


–Le voy a preguntar ahora sobre la relación entre texto e imagen en las obras. En español se dice que una imagen vale más que mil palabras. ¿Por qué las suyas precisan de pie de foto integrado?
–En primer lugar, es para dar una orientación sobre el contenido de los dibujos, para no abrirlos a una interpretación general. Escribo algo sobre el marco como «Los tiempos difíciles eran…». Escribo mala poesía y, a veces, la escondo como parte del dibujo, casi como una mirada estética. La mayoría de las veces es algo que versa sobre el dibujo. No estoy muy seguro sobre ese texto que quiero mostrar y lo tapo con un dibujo.


–¿Hay entonces un Marcel Dzama escritor que funciona de manera diferente cuando no hay dibujos de por medio?
–Hago mala poesía. Nunca seré un poeta, pero me gusta escribir poesía. También escribo canciones. Hace unos años formé parte de una banda de música. Terminé volcando mi poesía en sus canciones.


–Goya, El Bosco, Duchamp… ¿Cómo se mira con ojos del siglo XXI a los maestros del pasado?
–Siempre hay lecciones que aprender del pasado, por eso nos repetimos. Vuelvo a Goya. Sus obras son normalmente sobre desvalidos o sobre personas olvidadas, el lado oscuro de las historias. En esas estamos hoy también.

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