La rana de agua, que estaban siempre cambiando

A veces no cambiar… lo cambia todo. No querer cambiar es una decisión. Llegar a un acuerdo puede ser peor que no tener acuerdo. Depende de lo que seamos capaces de hacer mal, pues últimamente estamos dejando claro que somos capaces de mucho más de lo que nos imaginamos. Pero siempre en negativo. 

Estamos en la misma parálisis mental de los que sólo somos capaces de ver sin gafas pero con tanta miopía que a dos palmos ya nos parece todo gris y borroso. No es que necesitemos gafas, no es tampoco suficiente con una operación de modernidad y cambio. Necesitamos querer hacerlo. 

Pero cuando nos ponemos a pensar en qué es lo que estamos dispuestos a cambiar y realizar, nos damos cuenta que es mucho mejor no cambiar nada, no hacer nada, mirar para otro lado. No es que estemos cansados, es que ya llevamos agotados varios años. 

Esto no es grave, ya no es grave. Ahora es crónico y simplemente estamos a la espera del momento de la operación definitiva. 

De eso…, de eso o de la muerte.

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