Una bicicleta mágica que siempre sabía donde parar

Norah Borges, hermana de José Luis Borges fue una de esas pintores que tuvo sobre todo un gran error en su vida. Vivió rodeada de grandes hombres que la eclipsaron, más en aquellos años en los que la pintura, el arte y la cultura, estaban vedadas a las mujeres, incluso por el simple hecho de no acudir a las cafeterías de las Generaciones.

Norah Borges vivió entre su Argentina, Suiza y algunos años en España, siempre rodeada de grandes personajes hoy muy conocidos, y con su pasión por el arte y la pintura llenando sus días y sus pensamientos artísticos. Eran años de añadir “ismos” a las corrientes artísticas, y hoy nos encontramos con decenas de estos movimientos casi parecidos, pululando para no distinguirlos bien. Ultraísmo, futurismo, surrealismo, creacionismo, modernismo, etc. Pero sirve el último párrafo de una página de El País, para dibujar claramente qué era Norah Borges.

“Le gustaba el cielo porque tenía colores suaves y no había autobuses. Sabía además que allí le esperaría su hermano Georgie (muerto hacía 12 años cuando ella falleció) que le esperaría encima de su bicicleta mágica, esa que siempre sabía parar justo donde había que bajar”.

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